El titular, por más que lo parezca, nada tiene que ver con los próximos comicios generales sino con la partida del último Patriarca de la política peruana. Don Luis Bedoya Reyes, el “Joven Centenario” como rezan sus memorias y su vida, acaba de dejarnos haciendo más triste y oscura la grave coyuntura que atraviesa el país. El encabezado de estos renglones no es gratuito y, tal vez, resultará ininteligible para los menores de cuarenta años.

Político socialcristiano de raza y fe pero sobre todo Estadista, a Bedoya el multifacético Sofocleto -¡quién más que él!.- le chantó el apodo de “Tucán” que se hizo tan popular que el propio don Luis lo aprovechó genialmente en las campañas electorales. Si no recordamos mal, el pegajoso estribillo partidario sonaba así: “Tucán, Tucán, Tu… Candidato”.

Una pena que el Perú nunca lo llevó en hombros a Palacio y que los avatares de esta desconcertada República lo impidiera. Era presidenciable y casi fijo para las elecciones de 1969 pero el nefasto golpe militar un año antes y la dictadura que siguió abortó la posibilidad por una década. En 1978, al iniciarse la transición democrática, pudo presidir la Asamblea Constituyente y, en cambio, prefirió generosamente ceder el cargo. En los comicios de 1980 fue de lejos el mejor candidato para enrumbar la Nación y aunque tampoco le sonrió el éxito dio el apoyo del partido que fundara y de la bancada pepecista para asegurar la gobernabilidad del Régimen. Después, su figura y su palabra estuvo siempre presente en las horas faustas o aciagas en defensa del orden democrático y constitucional.

Nunca dejaremos de lamentar que por extrañas circunstancias la relación con don Luis no pudiese pasar de los saludos y charlas de cortesía. El Perú ha perdido por partida doble: ahora se queda sin un Gran Hombre y ayer se privó de un Gran Presidente. Mis sentidas condolencias, apreciado Javier. ¡AMÉN!