La extensión de un país se mide por la ubicación de sus fronteras. La dimensión de tu jaula depende de cuánta distancia medie entre sus muros. Algunos viven en celdas pequeñas y allí quedarán porque se les advierte de la “humildad” como virtud. “Yo no necesito un automóvil del año, estoy satisfecho con montarme a un bus” ¿Cuántas veces has pronunciado esta frase en honra de tu modestia? ¿Y qué si aspiras al mejor cuatro ruedas? ¿Culpable? Se disfraza de culpa lo que es racionalidad de la escasez.

¿Has escuchado a algunos no creerse merecedores de un premio? Tendemos a creer que minimizar nuestras virtudes es de gente honrada. Con ese argumento, peca de soberbio quien pretende superar records. Demos fin a los campeonatos y que el mérito sea por sorteo. “No te merezco”, le dice él a ella o ella a él. La baja estima propia es un tema de ignorancia sobre la naturaleza compleja de los demás.

El joven profesional escucha a su pletórico padre decir que escale pronto a un meritorio lugar en el directorio, “pero viejo, sueñas muy alto, ¿cómo podría yo siquiera soñar con ser el director?”. ¿Te lo han planteado? Nadie mejor para creer en uno que los propios padres, ¿no podemos alinearnos es esa misma fe? En un experimento sobre el “efecto Pigmalión”, hicieron creer a un empleado menor que podía, con su “superior discernimiento”, llegar a gerenciar. Lo dejaron actuar a la libre y, ¿qué creen? Llegó más lejos de lo que se podía esperar. Por desgracia, gimoteamos porque experimentamos usualmente a la inversa. “No, no seré campeón mundial”, Tremendo lote. Premio Nobel, Ministro, ¡párale ya!…

La afirmación de la grandeza produce culpa, nos achicamos. Quizás asociamos el éxito a la culpa y la culpa a la tentación y la tentación al diablo. En el calvinismo, la teología de la prosperidad o la gracia; el éxito es una de las señales de cuan bien nos ve la divinidad. Estamos a salvo, dicit mundi. En otras culturas, “ganar” se asocia al ego.

Egoísmo, ambición, ¿les suena a virtudes o pecados? “Eres muy ambicioso” se atribuye al perverso que se quiere comer la Tierra. Si tan maléfica es la ambición, paremos las ventas, que los vendedores coloquen cepos en las fronteras de su propia ambición, quebremos negocios.

La distancia entre tus hitos y tus sueños marcan la dimensión de la celda que te tocó ocupar.