Parecía un déja vu de lo vivido en el primer y desastroso gobierno aprista pero, afortunadamente, no pasó de una bravata discursiva que duró 24 horas. El presidente Vizcarra –como antaño su antecesor- amenazó con expropiar las clínicas particulares  si estas no aceptaban la tarifa plana que el Estado proponía para el intercambio y atención prestacional en favor de los pacientes infectados por el Covid-19. El Primer Mandatario, Constitución en mano en su formato de bolsillo, advirtió que si en 48 horas la Asociación que las agrupa no llega a un acuerdo aplicaría el artículo 70 de la Carta Magna invocando la causal de necesidad pública. Estamos casi seguros que el jefe de Estado no tenía idea de la hondura en que se metía aunque el insólito e intimidatorio ucase terminó funcionando para resolver el entuerto con el aplauso fácil de la tribuna que desconocía  los entretelones y los efectos nefastos que traería el artículo constitucional de marras.

No llegamos a entender por qué el Presidente llevó las cosas a esta situación-límite cuando la legislación vigente permite a la Autoridad de Salud intervenir en caso de epidemias disponiendo de todos los recursos médico-asistenciales públicos y privados y había una negociación en curso entre las partes. Para remate, el cuestionado Congreso acaba de aprobar por insistencia y habría publicado la autógrafa de ley antes observada por el Ejecutivo que autoriza al Gobierno a gestionar manu forti dichos recursos privados complicando la ejecución de los acuerdos alcanzados con las clínicas. Todo un despelote que pone en entredicho el derecho de propiedad, la seguridad jurídica y la confianza en el país.

No tomamos partido por el sistema de salud privado que santo tampoco es en esta terrible coyuntura pandémica. Sin embargo, el gazapo presidencial ha dejado un tufillo autoritario y estatista alarmante que obliga a estar alertas. O el Gobierno de turno tiene una pésima asesoría de la que debe librarse –empezando por los ministros responsables-, o el jefe de Estado y la camarilla que lo rodea creen que así se arreglan las cosas y esto sí anuncia para adelante un peligroso déja vu. El Primer Mandatario tiene la palabra. ¡AMÉN!