Hoy guardaremos luto por el peor 28 de julio de la bicentenaria historia republicana del Perú. Día infausto, marcado por el inicio de la gestión presidencial de Pedro Castillo, hasta ayer inmerecido ganador de las elecciones más truculentas y fraudulentas que se recuerde. Castillo es un personaje completamente improvisado para casi todas las disciplinas que pueda usted imaginar, amable lector. Con mucho mayor razón, para el arte de go-ber-nar una nación con 32 millones de pobladores, en el preciso momento en que atraviesa por el peor trance socioeconómico, sanitario, político de su atribulada historia. ¡Castillo es sólo un mito! El mandamás –quien tiene poderes fácticos, usando el término de su amiguete, el miserable Vizcarra; quien manda en aquel partido al que denomina socialista-marxista-leninista-mariateguista, etc.; quien transformará el Perú en Cuba, utilizando al mítico, silente Pedro Castillo- se llama Vladimir Cerrón.
Pedro Castillo no sabe qué hacer. Tras “ganar” el repechaje, no ha hablado. Es que no se atreve a pronunciar una sola frase. ¡Menos a proponer un plan! No tiene la mínima idea de cómo hacerlo. Y fundamentalmente tiene pánico a la reacción del amo Cerrón. Es en síntesis prisionero de su pasmosa imprevisión como hombre de Estado, y de su dependencia de un titiritero, omnipotente y avasallador, apellidado Cerrón. Sus gestos son demasiado elocuentes. Hasta en la convención del partido que lo puso en palacio se le vio relegado frente a un Cerrón emplumado con mascaipacha dándole lecciones. “La revolución no se hace con el Parlamento formal sino con el Parlamento extraoficial que incluye a la calle, las organizaciones del pueblo, los movimientos sociales, los gobiernos regionales, los estudiantes, los arquitectos (…) son ellos los que garantizan el cambio (…) Sé que el Parlamento inicial bloqueará muchos proyectos de ley para el cambio. Lo primero que irá a boicotear el día de mañana será la Mesa Directiva de Perú Libre y con ello boicoteará también la Asamblea Constituyente futura, que no la querrán aprobar. Pero ese es el Parlamento oficial. Y de un Parlamento oficial jamás se hace la revolución (…) Si el Gobierno está amenazado, es el partido que tiene que organizar la resistencia. Si el Gobierno se desvía, es el partido que tiene que rectificar la vía (…) Perú Libre ha ganado sólo el asiento de Palacio; ahora le toca construir el poder (…) Por eso camaradas no olviden. Aún no hemos ganado nada. Empezaremos recién la tarea de construir ese espacio de gobierno de poder. Tenemos una condición inicial, que es este triunfo electoral, pero no es haber triunfado aún sobre el sistema”, le espetó Cerrón. Para rematar con esta advertencia: “Existen tres niveles de lucha: el acceso al poder, el sostenimiento en el poder y algo que siempre olvidan: la sucesión”. Es decir, ejercer el poder ad infinitum. Mismo Castro, Chávez, Maduro.
El silencio de Castillo revela que arrancaría canjeando los mandos militares; liberando a terroristas; llenando ministerios de comunistas; politizando a la Policía; cambiando la Constitución; eliminando la propiedad privada; estatizando los medios de información, etc.

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