Un Congreso avestruz

Un Congreso avestruz

A estas alturas la política peruana está demostrando que lo único que se está institucionalizando es el desgobierno con inequívocos indicadores que dirigen nuestra mirada hacia una estrategia perfectamente trazada desde el Ejecutivo con una ejecución aparentemente inofensiva ante un Congreso que no quiere ver lo obvio y prefiere escudarse en un apoyo al gobierno bajo la falacia de una presunta defensa de la gobernabilidad.

Qué gobernabilidad podemos defender si el Ejecutivo no ha podido consolidar un gabinete serio y con objetivos económicos y sociales claros dentro del sistema democrático basado en el equilibrio de poderes y respeto de los derechos fundamentales, actitud asumida adrede con la inclusión de peones ministeriales en sectores claves para generar un conflicto eterno, tanto dentro del gabinete poniendo en jaque al titular de la PCM como al Congreso para luego buscar el apoyo de la prensa a fin de presentarle a la población una posición victimizada por una presunta agresión desde la oposición y el Congreso que estarían entorpeciendo la gobernabilidad con actos desestabilizadores, cuya estrategia le está dando grandes resultados en su ruta de tomar el control de toda la institucionalidad porque los ministros se van pero la gente nombrada en los cargos estratégicos de cada sector se queda.

Qué gobernabilidad se puede construir si desde el Ejecutivo se ataca la inversión privada con discursos de plazuela que pregonan la lucha de clases dividiendo al país entre pobreza y pituquería, entre el interior del país y Lima, a pesar de tener todos los datos estadísticos donde los números no mienten, de que no hay región a la cual no se le hayan asignado fondos para que ejecuten obras y que, estando próximos a cerrar el ejercicio presupuestario del año en curso, solamente haya ejecutado en promedio, no más del cuarenta por ciento del presupuesto asignado, produciéndose un desperdicio económico por la inmovilización de dinero y por el alto porcentaje de corrupción respecto del porcentaje invertido con gobernadores, alcaldes y funcionarios del interior haciendo cola en sendos procesos judiciales rumbo a la cárcel.

De qué gobernabilidad podemos hablar si desde el Ejecutivo se generan conflictos con el Banco Central de Reserva, se dispone que el Ministerio de Economía y Finanzas incremente de manera irracional la deuda pública sin dar a conocer el contrapeso con los ingresos que respalden ese endeudamiento, pero con un pedido para legislar por delegación sobre materia tributaria cuyo objetivo en este escenario es a todas luces incrementar la obligación tributaria de los que siempre tributan y propiciar una informalidad desbocada que no paga impuestos.

Parece que desde el Congreso no hay respuestas adecuadas porque también los congresistas, con pequeñas excepciones, juegan a defender sus propios intereses, económicos en algunos casos y, en otros, en busca de impunidad.

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