Seguimos en esta farsa electorera, convocada desde un inicio con graves evidencias de direccionalidad; temerariamente ejecutada por un jurado INCOMPLETO en el cual, además, su presidente –comunista y defensor de terroristas- ejerce el doble voto sin el menor empacho. ¿La razón? Sus inclinaciones políticas empatizan con las de uno de los dos partidos que disputaron el balotaje patrocinando su propia preferencia ideológica. Para toda persona pensante que examine acuciosamente el actual proceso electoral peruano, el abogado Jorge Luis Salas Arenas, quien preside el Jurado Nacional de Elecciones JNE, jamás debió ocupar el cargo en estos momentos. Cabe preguntarse entonces, ¿quién lo designó? Nominalmente, la corte suprema. Aunque en el fondo ha sido esa Junta Nacional de Justicia que, a su discreción, manipula el aparato judicial nombrando y separando a sus operadores. Como son los vocales supremos, ejemplo Salas Arenas y los fiscales, como Pedro Sánchez. Recordemos. Este ente omnímodo es el trabajo sucio de un miserable apellidado Vizcarra, quien dio un golpe de Estado para cerrar el Congreso y, entre tanta trampa que sembró en al país, concibió la Junta en reemplazo del Consejo Nacional de la Magistratura. Ahora sus integrantes le deben el puesto al miserable Vizcarra, a quien le conviene que el JNE proclame cuanto antes al candidato Castillo, con quien tiene contacto a través de su correveidile Salaverry.
Dicho esto, quienes integran ahora el JNE –aparte de Salas Arenas, Luis Carlos Arce Córdova, Julián Valentín Sanjinez Salazar y Jorge Armando Rodríguez Vélez- no han sido imparciales. Desde el inicio su actuación fue cuestionable. Por ejemplo, retirar a candidatos incómodos por causales que a otros nunca se les aplicó; o haber permitido que participen cuatro postulantes a congresistas ligados al terrorismo; o admitir que postulase Vizcarra, pese a que omitió renunciar al cargo presidencial seis meses antes del proceso, entre otras irregularidades. Los miembros del JNE han sido demandados por Rafael López Aliaga, quien alega fraude contra él en la primera vuelta. De idéntica forma, hubo muchas otras cosas raras en la votación del 11 de abril. Los candidatos que lideraban las encuestas acabaron por las patas de los caballos; mientras Pedro Castillo inexplicablemente acumulaba 40% de los votos. Hasta Keiko Fujimori, rozando el 3% en los sondeos en abril, acabó con 11%. Asimismo, el resultado a boca de urna fue pulverizado a medianoche. Evidentemente, el mejor escenario para el comunismo era que Castillo compitiese con Fujimori, apellido brutalmente satanizado por la “gran prensa” durante dos décadas. Con justa razón, mucha gente sospecha de una “cocina procomunista” armada por el JNE para asegurarle el triunfo en segunda vuelta. Pero el comunismo ha soslayado la indignación ciudadana. Yerro que ha producido la grave coyuntura actual. Una crisis tácitamente incitada por los miembros del JNE, por prestarse a manipular la voluntad popular para imponer el triunfo comunista, cuando la mitad del país ha votado contra aquello. Si gana Castillo les costará muy caro a estos miembros del jurado electoral. Pasarán el resto de sus días soportando semejante ignominia, y sobrevivirán en permanente zozobra.

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