El presidente Vizcarra sigue profundizando la crisis del país, dando palos de ciego en animado por su infinita nulidad como gobernante. El Congreso es un poder del Estado que merece respeto. No gustarán a algunos sus actuales integrantes. Pero este es el resultado de la demoníaca campaña desatada por la progresía marxista -que lleva de las orejas al presidente- para incrustarnos la ideología progre-marxista manejada por una mafia de ONG digitadas por operadores transnacionales, y destruir a los partidos políticos que no comulgan con esa canalla caviar que, gracias a temerarios como PPK y Vizcarra, se ha apoderado del Estado peruano.

Tras fracasar en su intento de imponerle al Congreso un gabinete ministerial integrado por mediocres –en pleno siniestro sanitario y socioeconómico- presidido por don Pedro Cateriano, un hombre inteligente, aunque tercamente polémico, además de conocerse su enfermiza fobia por ciertos partidos políticos, ayer Vizcarra persistió en su desatino manteniendo a varios ministros ineptos y dándole el premierato a un militar retirado, en medio del desasosiego más grande que conozca este país. No se trata de criticar por deporte, sino porque nuestra nación ya no admite más errores. Uno más y la población podría alzarse y tomar las calle hastiada de tanta tontería impuesta por un presidente neófito que no sabe oír, leer, ni interpretar las señales de la calle, como tampoco de las autoridades electas a cargo de los otros poderes del Estado. Vizcarra persiste en gobernar como autócrata. Y ello es inaceptable en todo Estado de Derecho y en todo régimen democrático. El Parlamento negó la confianza a un gabinete que no reunía las condiciones para solventar la crisis nacional. Pero en vez de entender el mensaje, Vizcarra impone a un militar formado bajo los criterios del mando vertical, que repele someterse a los avatares de la política donde se requiere adaptarse a posiciones ajenas, apelando al diálogo y las concesiones, aptitudes no bien comprendidas por la cultura militar. Además, estando la ciudadanía con la piel inflamada por la desgracia sanitaria y el desempleo galopante, hace falta una mayor dosis de apertura a aquella que toleraría un general formado en los años de terrorismo.

Apostilla. La ministra de Economía es una profesional junior que maneja un monstruo desbocado. Además, deberá enfrentarse a las autoridades monetarias internacionales en tiempos de una jamás imaginada crisis económica universal. La experiencia vale tanto como la formación académica. A la ministra Alva todavía le falta mucha práctica. Su primer faux pas ha sido el pésimo manejo de los programa Reactiva, que siguen congelados. Asimismo estamos en julio, pero el MEF no remite al poder Legislativo el Presupuesto para el ejercicio del bicentenario. Ni habla del derroche en la publicidad estatal y las multimillonarias asesorías. Ayer EXPRESO informó que los inversionistas extranjeros están mortificados por la falta de proyecciones económicas oficiales y el plan maestro del manejo fiscal 2020-2021. Igualmente, sobre cómo reaccionaremos ante al deterioro de la cartera de los bancos, el 27% de la caída de las exportaciones, etc. La ministra Alva prefiere guardar sepulcral silencio.