Estamos a 9 días de haberse realizado las elecciones para elegir al nuevo Presidente, pero a la fecha se mantiene la incertidumbre del resultado final y la preocupación del futuro del país.
La ONPE ya ha dado el resultado al 99.935% de las actas que no han tenido objeción y mantiene a Castillo con el 50.140% y a Keiko con 49.860%, una ventaja m/n de 49,420 votos, pero hay unas 1,000 actas (250 mil votos aprox.) remitidas al JNE, para resolver las impugnaciones e irregularidades presentadas, previéndose que el resultado final lo podamos conocer dentro unos días en que el JNE las resuelva con minuciosidad, imparcialidad y transparencia, para finalmente declarar al ganador de estas elecciones, las que siempre se estimaron tendría un final ajustado.
Con un final de fotografía, esperemos que ambos candidatos, sus partidos y todos peruanos aceptemos los resultados, sin provocar disturbios, alejados de las divisiones y odios, que solo ocasionan caos e inestabilidad personal y del país. Ni el ajustado resultado, ni las irregularidades presentadas, nos deben llevar a sostener que el resultado es un fraude o concertación.
Desde el día que se conocieron a los candidatos finalistas de la primera vuelta, así como los resultados de esta segunda vuelta, tanto en “boca de urna” como el “conteo rápido” y la serie de pronósticos de las encuestadoras, siempre ha existido la posibilidad que este proceso terminaría sumamente ajustado, como consecuencia de una clara división del país.
Los programas de Gobierno presentados en esta oportunidad son muy diferentes: Keiko apoya la democracia, libertad, el respeto a la propiedad privada y propone algunos cambios hacia adelante al “modelo económico” vigente y con éxito por más de 20 años en nuestro país.
Con Castillo no hay claridad, entre lo propuesto por su Partido Perú Libre presidido por Vladimir Cerrón como marxista, leninista o mariateguista, con expropiaciones y otros actos radicales, con el fin de tener un gobierno comunista a largo plazo, y lo que expresó el candidato Castillo en varias oportunidades, proponiendo algunas posiciones alejadas del Ideario y Programa de Cerrón, no nos da la seguridad de lo que realizaría en su gobierno.
La división producida en el país se debe, entre otros, al mal manejo de la pandemia, en que se desnudaron muchas desigualdades y carencias de servicios como la falta de oxígeno, colapso de los hospitales, miles de fallecidos, incremento de la pobreza, pérdida de trabajo, cambio de cuatro presidentes, etc., etc., atribuyéndolo al sistema del libre mercado en democracia y últimamente se ha incrementado con las inaceptables acciones del Poder Judicial, de anular a Cerrón su sentencia por corrupción de funcionarios y pedir para Keiko nuevamente, prisión preventiva. Dentro de este panorama, en que se consolida una nefasta división del país, el nuevo Presidente está obligado a lograr un gobierno de UNION y bienestar de todos los peruanos, evitándose los enfrentamientos que llevan al caos y más pobreza.
Finalmente, el candidato que gane tiene que gobernar procurando que “los que no votaron por él, lo apoyen”.

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