La incapacidad moral de Pedro Castillo ha quedado confirmadísima al revelarse que se reúne de forma clandestina con empresarios, congresistas y ministros en esa casa del jirón Sarratea, en Breña, que usaba durante la campaña electoral y que hoy funciona como su despacho informal. Su “oficina 2”, al mejor estilo de la corrupta constructora Odebrecht.

El dominical ‘Cuarto Poder’ mostró cómo Castillo ingresa a dicho domicilio en la penumbra, ataviado de una gorra y ya no con su característico sombrero de ala ancha. Parece que cambia, por las noches, el disfraz de campesino por el de un carterista.

Lo grave de todo esto son los encuentros irregulares que sostiene el mandatario con proveedores del Estado. Hemos visto, por ejemplo, a Karelim López, quien asesora a una empresa que ganó un contrato por más de 232 millones de soles con Provías Descentralizada (¡por ofrecer 27 céntimos menos que su competidor!), ingresando a la vivienda para reunirse con el profesor rural.

Antes, la mujer había visitado hasta en 6 oportunidades a Castillo y Bruno Pacheco en Palacio de Gobierno. Todo indica que estaríamos frente al delito de tráfico de influencias. También se podría hablar de cohecho si se sigue la pista de los 20 mil dólares hallados en el baño del despacho de Pacheco en la sede del Ejecutivo. Esto será, pues, trabajo de la justicia.

Pero lo que corresponde políticamente es la destitución de un mandatario que ha tenido la ostra de señalar que “en mi domicilio (¿acaso él o su familia viven en esa casa de Breña?) solo he recibido visitas de carácter personal”. Sin embargo, el arribista ministro de Defensa, Juan Carrasco Millones, había contado antes que en las reuniones informales se tocaban temas relacionados a su sector. Es intragable esta mentira del jefe de Estado.

Ante lo ocurrido, no debería ser problema reunir los 52 votos congresales necesarios para admitir la moción de vacancia. Pedro Castillo le debe una explicación convincente -y no ese discurso plañidero por ser del Ande- al país a través de la representación nacional. Si osa rehuir a esta especie de interpelación presidencial y envía a su abogado, habrá, entonces, más motivos para que sea expectorado de Palacio porque la falta de transparencia es escandalosa. Son más de 120 días de gestión y Castillo no ha dado ni una sola conferencia de prensa y menos una entrevista.

El responsable de toda la crisis que estamos viviendo, a causa de los nombramientos de personajes inefables y de ataques contra la propiedad privada, tiene nombre y apellido: Pedro Castillo. Por tanto, la salida de este incapaz moral es la única luz al final del túnel. Renuncie, señor presidente, porque, más temprano que tarde, será el “pueblo” el que lo ponga de patitas en la calle.

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