Dejando de lado el tema de cómo Pedro Castillo llegó a ocupar el cargo de presidente de la República, es evidente que en los cuatro meses transcurridos desde que comenzó a ejercerlo, el profesor de primaria alejado de las aulas por más de un lustro acogido a licencia sindical, ha demostrado ser una persona que padece de incapacidad moral permanente ya que no sabe, no quiere -o ambas cosas- conducirse con apego a lo que es bueno.

El Perú ha vivido la tragedia del terrorismo generada por la banda criminal de Sendero Luminoso. Salvo algunas penosas excepciones, los peruanos unánimemente repudian al marxismo-leninismo-maoísmo-pensamiento gonzalo.

P. Castillo durante su gestión ha dado muchas muestras de andar en sentido contrario a esta convicción ciudadana al designar (sí él y en acuerdo con el primer ministro que solo él nombra) como ministros a personas vinculadas a esa organización criminal e incluso favorecer el registro –contra precedentes y normativa específica- de una organización sindical (Fenate Perú) integrada por personajes ligados a Sendero a través de sus fachadas, Movadef y Conare. Son además numerosas las reuniones personales sostenidas con tales sujetos en Palacio de Gobierno.

P. Castillo ha construido en torno a su condición de máxima autoridad del Poder Ejecutivo un parapeto de allegados incondicionales y cómplices, que incluyen parientes, paisanos y camaradas marxistas, con el que busca burlar la transparencia y rendición de cuentas que corresponde a todo funcionario público, más aún si se trata de quien tiene la más alta jerarquía nacional y está a cargo de los recursos económicos del Estado.

Cuando parecía que fracasaba en su intento de eludir toda fiscalización escabulléndose de despachar desde Palacio de Gobierno, resulta que no solo generó en su interior un andamiaje de pillería simbolizada en las decenas de miles de dólares ubicadas hasta en los baños de ese local público, sino que ahora está probado que utiliza un inmueble en Breña para sostener encuentros clandestinos con proveedores y contratistas actuales y potenciales del Estado.

El uso en esos momentos de una gorra en vez del sombrero con que ridiculiza su imagen en actos oficiales, ratifica que es también un bribón, que se vale de artimañas para disimular y engañar.

Además, Castillo y los altos funcionarios que ha designado usan tiempo y recursos del Estado para generar conflictos e inseguridad, dañando así a los peruanos.

¿Alguna duda sobre la incapacidad moral permanente, estructural y no episódica del mencionado y sobre el remedio, urgente y necesario, que significa la vacancia?

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