Vizcarra ha roto su perversa tradición en este último mensaje presidencial de lanzar una medida disruptiva que haga que su popularidad se eleve en detrimento del poder legislativo o de la clase política. En 2018 lanzó la “no reelección parlamentaria”, de alto impacto y en julio de 2019 el “adelanto de elecciones generales”, que puso la primera piedra de la futura disolución del Congreso anterior. Esta vez, por el contrario, ha leído un texto mediocre del mismo valor que la anécdota de un incapaz. El espíritu de su alocución grafica lo que ha sido su gobierno en buena medida: falta de visión del Perú y promesas vacías.
El mensaje presidencial nos muestra un Gobierno sin autocritica, sin reconocer sus errores en materia sanitaria (aeropuerto como una coladera, cuarentena sin pruebas moleculares, salidas diarias diferenciadas por sexo, restricción de uso autos privados, restricción de las horas en los mercados) y económica (bonos mal entregados y programas de reactivación mal diseñados) que nos han llevado a las más de 50 mil defunciones y los más de 4 millones de puestos de empleo perdidos en el Perú. Gestión que ha impulsado la muerte y el desempleo en la patria.
También constatamos que es un Gobierno mitómano, muestra cifras irreales, alejadas de la realidad y de la lógica; detalla un país que no existe, donde todo está muy bien. Por momentos parecía que el Ing. Vizcarra hablaba de Alemania, no del Perú. El sinceramiento gradual de las fatalidades por parte de la ministra de Salud no exime al mandatario de no hablarle con la verdad al país el 28 de julio.
Un detalle que me parece no menor es la abdicación del Estado de hacerse cargo de las obras de infraestructura en favor de la ciudadanía; ya que de los múltiples mecanismos que podría usarse, él sólo apunta a la forma “Estado – Estado”, la que la ha vuelto la regla y no la excepción. Me pregunto: ¿a quién le conviene eso? ¿Quién gana con esas comisiones? ¿Quién estructura esos proyectos? ¿Quién supervisará? ¿Quién es el interesado o la interesada de que las cosas se manejen así?
Finalmente pienso que el “Pacto Perú” es una iniciativa que no le corresponde y en buena medida es inútil para todo efecto práctico en un gobierno que ya está de salida y con un Presidente que ya ha perdido mucho poder en favor de su premier, el que parece más bien impuesto por poderes a los que se ha doblegado ya sin condiciones Vizcarra.
Recordemos que el sostén de Vizcarra eran, además de su popularidad hoy en entredicho, los medios de comunicación, cierto esquema mercantil asociado a la construcción y las redes de oenegés de izquierda marxista. Hoy estos últimos parecen en fuga de los entornos del poder palaciego y todo apunta que el “Club de la Construcción” y Odebrecht han impuesto al humalista Cateriano. A Vizcarra parece que le queda poco espacio de maniobra. Veremos qué pasa en las siguientes semanas, aunque nada bueno será en favor de las mayorías nacionales.