La mitomanía de Vizcarra es inconmensurable. Un profesional de la mentira nos sigue reinando por culpa de una prensa corrupta que manipula a la población para satisfacer sus propios intereses. ¿El pretexto? Una gobernabilidad inexistente, una democracia hipotética y un Estado de derecho imaginario. Adecuando todo ello a la conveniencia de un poder fáctico progre-marxista, enseñoreado por esta pérfida dupla Kuczynski-Vizcarra. El hecho de que un embustero compulsivo, como lo es Vizcarra, siga ocupando la jefatura del Estado, refleja al estado de anomia al que nos ha llevado este gobierno sometido a la extorsión de un poder político jamás electo. Poder dominado por una élite de oenegés marxistas –que hoy ignoran aquel “espíritu demócrata” que evocaban durante la gestión fujimontesinista–, y un cartel mediático económicamente quebrado –aunque descaradamente subsidiado por el Estado para servirle de apoyo al régimen– ilícitamente asociados para consolidar la estructura autocrática que maneja este país.
El ejemplo que recibe el pueblo peruano de parte de quien ejerce la más alta autoridad de su país es simplemente deplorable. Porque Martín Vizcarra miente con desparpajo, cinismo y profesionalismo. No tiene el menor reparo en faltar a la verdad ante nada ni nadie. El domingo pasado mintió delante de una entrevistadora –y toda la ciudadanía– mientras le enrostraba un universo de falsedades, tras las cuales el todavía presidente escondía la graves imputaciones que tiene en sus manos el Ministerio Público sobre el soborno de un millón de soles que le entregara la constructora Obrainsa. Y con cara de palo, pinocho Vizcarra respondió que “La Unops llevó todo el proceso de licitación y lo mantuvo en absoluta reserva hasta finalmente asignar al ganador. Incluso realizaron su propio estudio de mercado para determinar el real costo de la obra”. No obstante, tres días después Unops desmentía a Vizcarra, diciendo que “La decisión de adjudicar a la empresa ganadora siempre la tiene la entidad (el gobierno regional de Moquegua, dirigido por Vizcarra). Unops sólo se encargó de informar el resultado de la licitación.” Asimismo Unops aseguró que no fue responsable de realizar el estudio de mercado ni de establecer el monto referencial del valor de la licitación. Mentira tras mentira, una a una fueron rechazadas públicamente, dejando en evidencia al tramposo Vizcarra.
Pero Zoraida Ávalos, Fiscal de la Nación –y amiga de Vizcarra, según la ex secretaria presidencial– desautorizó a los fiscales anticorrupción, encargados del caso Lava Jato, para que investiguen el caso Vizcarra, comprendido en esa corruptela del cártel de las constructoras. Vale decir, la Justicia peruana está doblegada por el poder fáctico. Por lo pronto, actúa según ordenen ciertas oenegés “gobiernistas”. Consecuentemente, los jueces están atados de manos, sin acusaciones fiscales.
Como sostiene el enjundioso periodista Aldo Mariátegui, “En el Perú no existe Estado de derecho. El sistema de justicia no sirve. Está politizado y mediatizado. Un amplio sector del Ministerio Público es muy cercano al gobierno y le ha hecho una campaña sin misericordia a los opositores de Vizcarra”. El Perú sigue naufragando entre un presidente mitómano y una Justicia inservible.