Un mundo de problemas

Un mundo de problemas

La situación internacional sigue agravándose. La crisis financiera se complica. La inflación es transversal. Del Ártico a la Antártica y alrededor del Ecuador, no hay país que se salve. Las bolsas se han contraído sustancialmente. La caída del índice Dow bordea el 30% de pérdida, desde el pico más alto alcanzado el año pasado. La logística global sigue estancada; principalmente el transporte. El petróleo sigue bordeando US$100/bbll. China, el otrora principal dinamo del crecimiento mundial, no ha dejado de perder fuelle desde la pandemia desatada allá, hace dos años y medio. Ahora último, se habla de una burbuja inmobiliaria en esa suerte de nación continente poblada por 1,300 millones de personas. La crisis mundial de 2008 se desató en EEUU, precisamente, por algo similar. Los capitanes de las mega empresas mundiales han enmudecido y ni pestañean, aterrados porque con ello pudiesen contribuir a agravar esta crisis. ¡Pero ni aún así mejoran las cosas! El silencio es agobiante. El enigma chino es demasiado pesado como para siquiera agregarlo a la ecuación, sin que desate una corrida generalizada. Por si fuera poco, hay la amenaza de que se esparza una guerra –hasta ahorca circunscrita a Rusia contra Ucrania- que, por sólo un chispazo equivocado, pudiese extenderse a toda Europa y hasta Estados Unidos, con el pronóstico reservado de lo que constituiría la reacción de China. ¡Todos estos, países con armamento nuclear; habiendo advertido Rusia hace meses que si la NATO (EEUU y Europa) ingresa al conflicto, apelará a sus misiles! Tal como en la crisis de 1962, cuando Rusia envió misiles (no atómicos) a Cuba, y USA casi pisa el palito atacando los barcos rusos que los transportaban. La guerra se salvó, gracias a una diplomacia de filigrana liderada por John F. Kennedy.

Hoy el mundo ni siquiera tiene a su alcance el rango de políticos que tuvo en aquel momento, elevándose por tanto los riesgos del más mínimo malentendido que pudiese encender la chispa que prendería el fuego de una guerra de inmensas proporciones. Ojo que solo siete meses atrás, el planeta estaba reconcentrado en hallarle alguna salida a la monumental crisis socioeconómica desatada por el Covid, ideando la fórmula precisa para recuperar el fenomenal crecimiento internacional que se había alcanzado, hasta que llegase la crisis de 2008.

La declaración de Putin lanzada el pasado martes es escarapelante. Convocar a 300,000 reservistas para impulsar la guerra que lleva contra Ucrania, es una serísima provocación para Occidente. Incluso Putin ha reconocido formalmente como “repúblicas independientes” a Luhansk y Donetsk, situadas en territorios orientales de Ucrania ocupados por las fuerzas militarse rusas, tras la llamada “guerra de los tres días” (que viene durando 214 días).

Lo único que hará el jerarca ruso es agravar la crisis económico-financiera que viene soportando el mundo, desde que se desató la pandemia en marzo 2020. Y en medio de semejante cataclismo, el Perú es gobernado por una partida de salvajes, decididos a destrozar el Estado para, siguiendo el modelo soviético, rehacerlo a imagen y semejanza de Cuba y Venezuela. ¡Ahora, pues!

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