No quiero dejar de expresar mi rechazo público al hostigamiento y al veto que ha sufrido el documental peruano “1214: No tememos a los cobardes” por parte del Museo de la Memoria (LUM). Esta pieza audiovisual da cuenta del segundo y más reciente gran martirologio aprista; un homenaje a las más de 1200 familias apristas que perdieron un hijo, un padre, un hermano, un esposo asesinado por las hordas criminales de Sendero Luminoso.

Soy testigo de la expectativa que este estreno había causado en muchos deudos y varios de los que vivieron esas épocas de barbarie. Era un justo homenaje a quienes ofrendaron su vida al altar de la democracia, resistiendo el intento de captura del Estado por parte de los secuaces de Guzmán. Muchos alcaldes, prefectos, funcionarios públicos, dirigentes populares apristas fueron blanco de atentados. El Apra estuvo en la primera línea de defensa de la democracia y es – en mi opinión- la gran responsable estratégica de la derrota del senderismo.

Mi plena solidaridad con Ernesto Carlín y Hernán Hurtado, jóvenes e inteligentes profesionales directores del documental censurado y también con Hernán Garrido Lecca, el productor. La izquierda marxista y elitista tendrá, tarde o temprano, que entender que la verdad histórica prevalece. Nadie puede adueñarse de la memoria colectiva de un pueblo y hacerla una unidad monolítica con la que adoctrinar autómatas. Así controlen buena parte de los centros de difusión de cultura, ésta última trasciende desde el campo popular y termina expresándose. El viejo civilismo también había construido una narrativa oficial que terminó cayendo dando paso a perspectivas más populares, una de ellas impulsada por los intelectuales apristas, sobre todo en la etapa 1930-1960 y con un apoyo ciudadano cuantioso. No nos habían dejado llegar a Palacio, pero de un modo u otro sí a la consciencia de buena parte del pueblo.

Esta etapa no es más que una reedición de la necesidad de construir una lectura distinta a la oficial, una nueva narrativa. Pienso que “Metamemorias” de Alan García es la primera piedra de esa tarea. Pienso en esa línea que el documental en mención aporta mucho en esa larga ruta. Su censura en el LUM sólo reafirma su “peligrosidad” para el catecismo imperante. Es un recodo, pero ello no nos detendrá.

Sólo recuerden: el aprismo tiene una profunda raíz popular, sobrevivimos a Leguía, Sánchez Cerro, Odria, Velasco, a Fujimori, a Vizcarra, a Sendero, estaremos aquí para ver la ruina política de Castillo y Cerrón y nosotros continuaremos; por tanto unos burócratas alienados adictos al presupuesto público y funcionales -por dolo o por culpa- a la estrategia de dulcificación de la violencia terrorista no van a detener nuestra historia.

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