Un país groseramente engañado

Un país groseramente engañado

Resulta insólito que tras la catarata de evidencias de corrupción que transpiran Castillo y su banda criminal, tal cual está siendo investigado el aún presidente de la República por el Fiscal de la Nación, la sociedad peruana se mantenga al margen, en calidad de simple espectadora. ¡Como si estuviese contemplando una tragedia que ocurre en otro país! ¡No, señores! ¡Son absolutamente ciertas las denuncias que a diario aparecen en los medios de comunicación opositores a este régimen de asaltantes y revolucionarios bolcheviques del tercer milenio! Otra cosa son esas noticias edulcoradas, falsarias que también a diario, aparecen en los medios “imparciales” adictos al soborno del régimen Castillo. Periódicos, estaciones radiales y televisivas, sumados a las voces de algunos “comentaristas” y opinólogos hueleguisos, a los que este régimen les alquila su “línea” periodística para que desinformen a la sociedad.

Todos los audios que usted conoce, amable lector –descriptivos de un entramado de corrupción absolutamente rapaz- son ciertos. ¡Y falta que aparezcan muchísimos más! Sin embargo, siguiendo la lógica que aplicó la entonces prensa opositora para vacar a Fujimori, sólo con la centésima parte de estos audios -que hoy son de dominio público- el gobierno Castillo hace meses hubiese sido removido constitucionalmente. Incluso sin necesidad de recurrir a subterfugios ajenos a la Constitución y a las leyes, tal como sucedió en el ejemplo de Fujimori; y asimismo, sin ir muy lejos, en el caso Kuczynski.

En esta oportunidad, sin embargo, ha quedado groseramente plasmada esa vocación suicida que han adquirido los peruanos, víctimas del aplastante martilleo mediático por parte de los medios que domina la cultura caviar, convertidos en portaestandarte de la corrección política. Cuando en rigor, esos medios constituyen un inteligente y perverso montaje dirigido a trastocar la realidad, vía una ficción bien montada por el comunismo disfrazado de izquierda buenista.

Para nadie es novedad que el Perú ha pegado un violentísimo volteretazo. No sólo en el ámbito ideológico –vamos expresamente camino al comunismo sudaca de Cuba y Venezuela- sino en el plano socioeconómico. De ser el país admirado por los órganos financieros multilaterales, hemos pasado a ser otro con todas las alarmas al rojo vivo.

Tanto por el lado de los indicadores financieros/económicos como, fundamentalmente, porque Castillo, los cerrones, bermejos, bellidos, etc. (en connivencia con los caviares, gentuza hipotecada al interés de los megamillonarios Soros y demás manipuladores de países como el nuestro) han convertido al Perú en enemigo intransigente de los inversionistas mineros; principalísima fuente natural generadora de riqueza con que cuenta nuestro territorio. ¡Y consecuentemente, hemos perdido toda la simpatía de los inversionistas y financistas de Occidente! Vale decir, son nulas las expectativas de replicar el desarrollo que consolidáramos durante la primera década de este milenio -cuando logramos reducir la miseria en 60% y desarrollarnos como una nación camino a la verdadera prosperidad, alejada del tóxico tercermundismo. Hoy las perspectivas apuntan a reconvertirnos en sociedad inviable, apestada y condenada al descontento social y la pobreza, camino a una dictadura espeluznante.

Esto, desde luego, jamás lo leerán/escucharán en los medios caviares. ¡Pero es cierto!

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