Las elecciones del Bicentenario quizá son el mejor espejo del miasma al que gente de mucha infamia ha conducido al Perú. Semejante acontecimiento debió conmemorarse como corresponde a una efeméride trascendente para países como el nuestro, que se ha debatido por largas décadas entre la democracia y el absolutismo; entre la verdad y la falacia; entre el éxito y el fracaso; entre la miseria y la esperanza de una mejor vida. Estos dos siglos de República nos cogen en uno de los peores momentos de nuestra escarpada historia. Sumidos en una crisis sanitaria sin precedentes, sumando más de 100,000 muertes. No precisamente por culpa de esta pandemia, sino causadas por la incompetencia de un impresentable ex mandatario que, premunido de una capacidad inconmensurable de mentira e hipocresía, sólo se abocó a consolidar su figura política con intenciones de perpetuarse en el poder. Su nombre es Martín Vizcarra. Un sujeto despreciable que aún mantiene en vilo al país, aprovechando sus habilidades fariseas y su verbo mitómano. Y, por supuesto, el favor de una prensa quebrada e hipotecada al poder para subsistir.

Desfinanciada no por responsabilidad del cataclismo sanitario-socioeconómico que agobia al Perú, sino por el desastre en que se encuentra la “gran industria periodística” a nivel mundial, corroída por las redes sociales y la neo realidad -¿irrealidad?- del mundo, que no le permite mantenerse sin ayuda estatal. Es decir, sin el subsidio del gobernante de turno, a quien ahora debe su existencia. Y por tanto, a quien alaba las 24 horas del día pulverizando su principio existencial: ser escéptica frente al poder de toda naturaleza, y permanecer crítica ante la verdad oficial.
Volvamos al karma electoral. 90% de los postulantes a presidente son una partida de incompetentes desprovistos no sólo de los conocimientos propios de un estadista, sino formados en el ambiente del todo vale, la mentira, el dolo y la pendencia. Pero así no se gobierna una nación. ¡Así se destruyen los países! Como viene sucediéndonos. Por eso resultan esperanzadoras apenas un par de candidaturas. Hoy hablaremos de una. La de Hernando de Soto, hombre baqueano en conductas sociales, macroeconómicas y políticas. El plan de gobierno que presenta –y EXPRESO difunde en esta edición- es un compendio de lo que podría ser un programa de refundación para nuestro país. Desde “liberar recursos bloqueados y listos para rápidamente generarle valor” a toda la gente –“sin endeudar al Estado, sin expropiar a nadie, sin tocar los ahorros y creando empleo”; pasando por ideas para “Cerrar brechas entre formales e informales, agroexportadores, jornaleros y campesinos, petroleros y nativos”; asimismo apelando a “instrumentos financieros para darle rendimiento al pequeño capital de las clases populares”; asimismo “organizando al Estado para comprarle 40% de su producción a las mypes”; por último, “desbloquear los proyectos mineros y agrícolas facilitándoles acceso al crédito” (especialidades que administra profesionalmente De Soto). Son sugerencias elementales pero ilusionantes, en medio de la miseria de planteamientos que escuchamos alrededor de la inmensa mayoría de candidatos desautorizados para gestionar nuestra patria. ¡Piense bien al votar, amable lector!