Este gobierno de socialistas sudacas disfrazados de moraditos, viene interfiriendo de manera grotesca, ilegítima e inconstitucional en el proceso electoral del 11 de abril. Aterrado porque en esa fecha acabe electo un gobernante no socialista; consciente de sus incapacidades y la terca oposición a adquirir pruebas moleculares, plantas de oxígeno, respiradores mecánicos, camas UCI, etc.; incluso exasperado porque fue descubierto trapicheando con los representantes de la vacuna Sinopharm para adquirirla como inoculador exclusivo en el país, a pesar de que éste no está validado por las autoridades de Salud; y consecuentemente, atormentado porque el largo brazo de la Justicia caiga sobre sus hombros, haciéndole responsable de decenas de miles de muertes -en rigor, un crimen de lesa humanidad- debido a su terca negativa a adquirir aquellos equipos y las medicinas que necesitan los hospitales públicos para atender a la sociedad frente a la pandemia; ante estos gravísimos hechos de naturaleza criminal, aparte de su comprobada obstinación por defender públicamente a un miserable como el imputado por corrupción Martín Vizcarra, el presidente del Congreso, ocasionalmente nombrado mandatario por ese poder del Estado, está abocado a hacer campaña a favor de las candidaturas genéticamente socialistas. Es decir, apuesta a que gane algún postulante rojo al Ejecutivo y/o Legislativo, seguro de que, siguiendo la consigna de la zurda universalmente aplicada, guardará las espaldas a los suyos.

Las explicaciones están de más, dada la desfachatez con que Sagasti y su apparatchik marxista vienen auspiciando las candidaturas de la izquierda de todo pelaje. Inclusive el melodramático Sagasti apareció acongojado, con los ojos húmedos de dolor, declarando que el fallecimiento de un canalla senderista “fue ocultado para no desmoralizar a los terroristas”.

Sin embargo, la cereza sobre la crema llegó cuando, durante días, el canal del Estado estuvo dedicado a promocionar la transmisión -el domingo 4 de abril, a una semana de las elecciones- un documental vivando la reforma agraria del revolucionario militar socialista Velasco Alvarado, llamado “La revolución y la tierra”.

En el colmo de la desvergüenza, el canal del Estado promovía dicho comercial socialista publicando esto en sus redes sociales: “¿No sabes por quién votar? Mira (el film) ‘La revolución y la tierra’ (que pasaremos el domingo 4 de abril) y no votes por dinosaurios” (refiriéndose a los candidatos no izquierdistas). Diga, amable lector, si esto no es interferir en las elecciones, hecho vetado por nuestra legislación, castigado civil y penalmente.

Cómo será la cosa, que inclusive el siempre ubicuo defensor de la progresía caviar, Pedro Cateriano la criticó acotando: “Cuando ocupé la PCM me mantuve neutral. No ordené ataques, manipulación de la información o la divulgación de programas sesgados políticamente. ¿Es oportuno que en la recta final de esta campaña electoral se transmita “La Revolución y la Tierra?”

¿Es posible que esto suceda en un país cuya Constitución manda expresamente que imperen el sistema democrático y el Estado de Derecho, y que los responsables de semejante delito queden impunes? ¡Por más carita de santurrón que ponga Sagasti cuando aparece ante las cámaras, es literalmente un sinvergüenza!