Vizcarra juega ya sus últimas cartas. Desesperado por la alerta de tsunami declarada tras el desborde total de la epidemia Covid-19 –fruto de su incompetencia, negligencia, falta de solidaridad y abandono a la población- ha sacado la bastante trillada carta del golpismo para reembestir al Congreso y procurar réditos falsarios entre la angustiada sociedad, a la que acude en trances peligrosos utilizándola de salvavidas descartable.

Acompañado del extravagante espectáculo mediático que le monta la prensa corrupta cada vez que pisa terreno minado –ello viene repitiéndose con mayor frecuencia- este autócrata por antonomasia incrustado de casualidad en el sillón presidencial lanzó una advertencia a los 130 legisladores electos gracias a los mamarrachentos comicios que convocó para atizar el cierre del Parlamento tras su golpe de Estado espetándoles con tono matón: “Si quieren algo contra el presidente aquí estoy para poder responderles”. ¿Acaso ésta es la manera de gobernar un país? Peor aún, un país metido en una crisis sanitaria sin precedentes desbordada sólo por culpa de Vizcarra y sus ministros, todos ellos una partida de incapaces. Y más grave todavía, una nación que ha entrado en el tirabuzón de una profunda crisis económica como resultado de mucha estupidez, tanto de Vizcarra como sus camaradas. Sin duda nos está gobernando un neurótico que, no contento con el desastre socioeconómico-financiero que soportamos, se aboca a incitar una crisis política probablemente para encolerizar en extremo al populorum y ganar a río revuelto. Semejante escalada de camorras, estimuladas desde lo más alto del poder -cuando la nación se encuentra en uno de los momentos más peligrosos de su historia republicana-, hace comprender que la salud mental del presidente Vizcarra es inestable. Ha perdido toda sindéresis. Por ello insiste tanto en conducir al Perú al despeñadero, atizando una convulsión popular de dimensiones peligrosísimas.

Aunque en medio de sus desvaríos, psicopatías o vesanias, Vizcarra es consciente de que la Justicia lo persigue. Tanto por lo que existe detrás de esas cuarenta y tantas denuncias sobre su gestión como gobernador de Moquegua -que dejó de investigar la politizada Fiscalía desde que Vizcarra llegara al poder- como por el affaire Chinchero; los casos de nepotismo que salen como conejos de chistera; la compra de pruebas, medicamentos, equipos hospitalarios, etc., adquiridos sin licitación por la “emergencia nacional”, y sabe Dios qué otros tantos actos opacos pudieran haberse dado durante su gestión. Posiblemente ello sea la razón de tantos disparates y, como consecuencia, del actual estado de excitación mental que, en forma indiscutible, lo tiene perturbado.

Apostilla. El Tribunal de Justicia de Francia abrió investigación contra el ex premier Edouard Phillipe y los ex ministros de Salud Véran y Buzyn por su “mala gestión” de la pandemia coronavirus. Los imputan desde ”poner en peligro la vida de otros” hasta “no ayudar a una persona en peligro” y “homicidio involuntario”. Todos los casos han sido registrados como “acusación por no luchar contra un desastre”. Si este país fuese una democracia que valore el Estado de Derecho, Vizcarra y los impresentables Zeballos y Zamora no tendrían escapatoria.