La elección el día de ayer de la nueva Mesa Directiva del Congreso de la República, dejó tras de sí varios hitos o señales sólidos; el primero de ellos, decantar, ya sin ningún pudor ni maquillaje, la perniciosa y añeja alianza –que no pocos advertimos– integrada por la izquierda marxista filoterrorista, la izquierda mercantilista de origen humalista y el oportunismo sin escrúpulo ni ideología pero con abundante y compulsiva inmoralidad.
Un segundo hito fue demostrar que los votos responsables sirven para detener, desde la raíz, la desafiante actitud de esa alianza indeseable antes mencionada, que pretendía inaugurarse imponiendo candidaturas improcedentes y acomodos fuera de plazo, para mostrar así su desdén por las normas que rigen el funcionamiento del Congreso y del país.
Otro hito fue elegir una Mesa Directiva donde tres de sus cuatro integrantes son mujeres, lo cual es un rotundo mentís a la absurda y agresiva paridad y alternancia que tanto gustó impulsar e imponer a seguidoras y seguidores del personaje ya conocido como “lagarto”, que no quisieron siquiera entender que en el contexto de la alegada desventaja en la situación de la mujer, terminaba neutralizando cualquier avance significativo.
Saludo que una profesional de edad mediana, con conocimiento de la labor parlamentaria, haya accedido a la importante posición de presidir el Congreso de la República. Sin embargo, es necesario advertir que ese solo hecho, aun cuando se añade otro referido a que se trata de persona que al interior de su partido (Acción Popular) se aleja de la corrientes cercanas al marxismo, no asegura que su gestión esté libre de sobresaltos y obstáculos puestos incluso desde su propia alma mater política, como sucedió con el presidente del Congreso complementario que ayer mismo terminó su breve periodo.
Es prudente, y casi obvio, anticipar un futuro inmediato complicado y riesgoso para la estabilidad política del Perú, no solo por la turbidez (explicable en la existencia de fraude urgido de ser ocultado) del proceso electoral y sobre todo de la segunda vuelta, sino por el extremismo ideológico y político del dueño de la pelota y de la cancha puestas a disposición de un jugador como P. Castillo, fichado cuando ya estaba consolidado el resto del equipo y decididos tanto el objetivo estratégico como las tácticas a ser empleadas para lograrlo.
Resulta auspicioso y alentador lo alcanzado hasta ayer, pero el respiro que trae la composición de la nueva Mesa Directiva del Congreso, no basta para evitar la sofocación que implica el marxismo en el Poder Ejecutivo.

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