Urge que los demócratas de todas las tendencias, desde la izquierda democrática hasta la derecha entiendan que el proceso que se ha iniciado en el Perú está orientado a garantizar una continuidad estatizante en el poder, pasando por el mágico concepto de la refundación republicana para buscar la instalación de una asamblea constituyente en donde moldeen las instituciones a su imagen y semejanza y destruyan el marco de libertades individuales y económicas, afectando sobre todo a los más pobres.
Desde las ideas de la democracia-social reconocemos la necesidad de realizar cambios constitucionales importantes y de corregir el rumbo de un Estado que en los últimos 10 años ha olvidado el contenido social de la democracia; planteamos para ello la articulación de un proceso de nuevo pacto social enfocado en la reorganización del estado, no en su demagógica refundación. Ello puede viabilizarse a través de la bandera de la construcción de una Constitución de los consensos, que cree un marco suficientemente amplio para la garantía de las libertades y derechos fundamentales. Pero también podría lograrse a través del consenso parlamentario reformista.
El “foro democrático” cumplió un rol básico en la caída de la dictadura de Fujimori, luego de la misma se creó el “Acuerdo Nacional”. Pienso que éste ha cumplido un ciclo histórico y es necesario, dado el contexto, el impulso de un segundo gran consenso nacional que permita a las fuerzas democráticas presentes en el parlamento, a las que no tienen representantes allí, a los medios de comunicación que no estén dispuestos a renunciar a la libertad de prensa, a los gremios y a las expresiones más importantes de la sociedad civil establecer una agenda unitaria irrenunciable. Un nuevo acuerdo nacional que cierre filas frente a cualquier arresto autoritario, que defienda el Estado de Derecho, las libertades, la propiedad privada, el rol subsidiario del Estado y que trace puntos mínimos de entendimiento sobre la solución de la crisis institucional en el Perú y el abordaje mínimo de la agenda social postergada de las mayorías populares y las minorías vulnerables en la patria.
Seamos honestos, no existe un liderazgo claro en la oposición al proyecto de “Perú Libre”, incluso se empiezan a dejar ver pequeñas disputas contraproducentes y ciertamente vergonzosas. Dispersos y sin estrategia y norte seremos presa fácil del corporativismo que desde Palacio de Gobierno se buscará construir. Al no existir un conductor aglutinador debemos consensuar un programa mínimo (el II Acuerdo Nacional) que sea el “caudillo” común a todos los que no creemos en la irresponsabilidad –con toda seguridad autoritaria y demagógica– del tándem Castillo/Cerrón.
Los sectores de la izquierda limeña elitista, cuya organicidad está más vinculadas a ONGs que a Partidos políticos han quedado muy descolocadas frente a la actitud inicial del gobierno de Castillo. Este desencuentro podría volverse más adelante irreversible. Así como en el “Foro democrático” hubo espacio para la derecha democrática que rompió con el Montesinismo; en el esfuerzo de un segundo gran consenso nacional la izquierda marxista limeña puede tener la gran oportunidad de mostrar su vocación democrática si rompe con Castillo. Es difícil, pero no imposible, sobre todo si revisan en la historia lo que les pasó con el tiempo a los sectores menos radicales en Venezuela y Cuba.

Para más información, adquiere nuestra versión impresa o suscríbete a nuestra versión digital AQUÍ.

Mira más contenidos siguiéndonos en FacebookTwitter Instagram, y únete a nuestro grupo de Telegram para recibir las noticias del momento.