“A estas alturas nadie puede desconocer el extraordinario papel de estadista que tuvo y que tiene el presidente Chávez, porque su legado permanece. Nos dejó Celac, el Alba, Unasur, el ingreso al propio Mercosur. Fortaleció todos los mecanismos de intercambio dentro de la región. […] La dimensión de estadista de Chávez es una dimensión que trasciende lo continental y hemisférico. Es algo que proyecta a Venezuela al mundo, como proyectó también a Latinoamérica al mundo. Hizo cosas extraordinarias como reflotar la OPEP. O sea, estamos hablando de alguien que tiene una dimensión internacional muy importante.

Desconocer ese trabajo para cualquiera sería absurdo. Ir para atrás en eso que ha ganado Venezuela en el mundo y en la región sería absurdo.

Entonces nosotros esperamos que estos procesos de integración sigan su curso, se consoliden y fortalezcan […] Ahí está la consolidación de un proceso que ha sido plenamente exitoso en su política interna y exitoso en su proyección internacional”.

Hemos transcrito parte de una entrevista de la cadena televisiva Telesur, de fecha 24 de marzo del 2013. Las laudatorias palabras sobre Hugo Chávez, después de trece años de gobierno, periodo que destruyó económicamente su patria, fomentó corruptelas, violó los derechos humanos y se perpetuó en el poder, no corresponden –como podría pensarse– a Nicolás Maduro, Diosdado Cabello, Evo Morales, Lula, Cristina Kirchner, Daniel Ortega o Fidel Castro.

No. Pertenecen al actual secretario general de la OEA, embajador Luis Almagro, entonces canciller del Gobierno uruguayo, cuando ambicionaba la Secretaría General de la OEA. Astuto, cazurro, zalamero, así conquistó los votos del chavismo y resultó electo el 26 de mayo del 2015. En la campaña, para convencer a los indecisos no vaciló decir que “el único punto de la Carta de la OEA que debemos reformar es la de la reelección de secretario general: es un cargo que no puede ser reelecto y es lo que defiendo en la práctica política”.

En 2020, sin embargo, no dudó en quebrar su promesa y volver a postular. Un detalle importante: el 2015 ganó gracias al apoyo de gobiernos chavistas y el 2020 lo hizo con apoyo de gobiernos anti chavistas, a quienes conquistó demoliendo al régimen crapulario de Maduro.

Pero si las referencias señaladas descubren la personalidad de un mitómano y oportunista, más grave resultó su apoyo a la cuarta e ilegal reelección de Evo Morales. El líder cocalero boliviano fue electo para el periodo 2006-2011 y luego convocó a una Asamblea Constituyente –como se pretende hacer en el Perú– que lo habilitó para una reelección que ganó. Por culminar su mandato, otra vez intentó reformar la carta fundamental para consagrar la reelección indefinida, apelando a un referéndum. El pueblo boliviano dijo no en las urnas, pero Morales apeló a una sala amiga del Tribunal Constitucional que le dio la razón, con el argumento que impedir su candidatura violaba sus derechos humanos.

En esa instancia interviene Almagro, quien inicialmente sostuvo que “Evo deberá respetar la voluntad popular. Ningún juez puede levantar el dictamen del único soberano: el pueblo” y remitió el expediente a la Comisión de Venecia, integrada por los más prestigiosos juristas europeos, que asesoran al Consejo de Europa. La Comisión fue concluyente en expresar que la reelección no tiene ninguna vinculación con los derechos humanos y Almagro respaldó ese dictamen.

Dos meses después fue invitado por Evo Morales a la ciudad de Cochabamba, donde hizo un vergonzoso giro de 180 grados al sostener que “sería absolutamente discriminatorio que Evo no postule “. Ante ello, los líderes de partidos de oposición lo tildaron de “traidor” y “vendido”. No le importó, porque tenía en mira el compromiso de Evo de respaldarlo para ser reelecto en la OEA.

No pudo hacerlo, porque ante el gigantesco fraude electoral se produjo un movimiento cívico-militar que expulsó del poder al líder cocalero. Pero, a pesar de este transfuguismo, Almagro fue reelecto hasta el 2025.

Este es el personaje que ha venido al Perú para respaldar al presidente Castillo, para sacarlo de su laberinto de la casa de Breña. Empero, el descrédito internacional de Almagro, un travesti político, en vez de ayudar al mandatario, lo perjudicará.

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