El 12 de octubre, Colón, sin saberlo, descubría América. De la fecha, 528 años después, podemos decir que somos producto de un mestizaje que duró siglos y que ahora somos ese país que Arguedas llamó el de todas las sangres. Mucha agua corrió bajo el puente. La conquista española de América fue el acontecimiento más importante de su época sobre el cual hasta hora no nos hemos puesto de acuerdo en todo. Hay quienes sostienen que era mejor que no se hubiera producido, otros consideran que sí les parece bien, pero debió hacerse de otra manera y hay también quienes piensan que todo estuvo bien. Hispanistas y americanistas intercambiaron, por buen tiempo, pareceres distintos o diametralmente opuestos defendiendo, cada quien, lo suyo. Las tesis intelectuales de unos y otros han quedado registradas, no sólo en el tiempo, sino desde la época de la conquista misma.

Lo concreto que es fuimos comunidades distintas a las que se mezclaron en sus orígenes, fruto de la conquista. Distintos en color, lengua, en patrones culturales, producto de un mestizaje que no termina. Esta es nuestra identidad, basada en la diversidad y pluriculturalidad. Somos un país con pasado prehispánico, hispánico y producto, después, de sucesivas migraciones de origen asiático, europeo, africano, entre otros. Somos la mezcla de muchas culturas que como diría Palma, quien en el Perú no tiene de inga, tiene de mandinga. Con el descubrimiento y conquista de América se dio el choque de culturas muy potentes, tanto de las que venían allende los mares, portando una sable y una biblia, como las que ya existían en esta parte del continente, de milenaria riqueza. Ni conquistadores ni conquistados de manera excluyente, sino descubrimiento y mestizaje en el tiempo. Aceptación de ambas culturas.

En el diario El País de España, José Miguel Oviedo, reconocido intelectual peruano y crítico literario, entonces profesor en la Universidad de Pensilvania, EEUU, escribió lo siguiente, con ocasión del V centenario de la conquista española: “la conquista española de América comenzó hace exactamente 500 años; pero todavía no nos hemos puesto de acuerdo sobre lo que realmente fue. De hecho, la conmemoración de este V Centenario no ha hecho sino reavivar el debate intelectual sobre el sentido y los frutos de la conquista, debate que no se había cerrado y que tal vez no se cierre nunca. La conquista es, pues, uno de los temas más polémicos de la era moderna y con frecuencia ha sido un motivo para que los hispanoamericanos ventilemos quejas y demandas pendientes frente a España: es una herida abierta de la cual sigue manando sangre. La posición que uno tome frente a la conquista implica una definición, intelectual de hondas consecuencias: hispanistas o americanistas se han acusado mutuamente de incomprensión o falta de sentido histórico, cuando no de culposas cegueras e indolencias”.

Es cierto. Quedan aún voces en conflicto, aun entre nosotros. Estamos enfrentados, actualmente, a una epidemia que no tiene antecedentes en nuestra historia. Luchamos por la sobrevivencia frente a la amenaza del coronavirus que en el mundo, sumado el nuestro, ha ocasionado cientos de miles de muertes. Pese a ello, sin embargo, las heridas salen a luz cuando se recuerda el descubrimiento y la conquista, períodos largamente estudiados por intelectuales de todas las épocas. Este año, fueron las redes sociales las depositarias de las escaramuzas intelectuales entre quienes confrontaban tesis en contrario.

“El tema desata pasiones y posturas irreconciliables que reflejan actitudes emocionales y prejuicios fuertemente arraigados que se resisten a desaparecer. A propósito de este asunto, siempre recuerdo esa anécdota que se le atribuye a un rector de la Universidad de San Antonio Abad, del Cuzco, eminente indigenista además, a quien, hace muchos anos, un embajador de la España de Franco le preguntó poco diplomáticamente: “¿Es verdad, doctor, que los indios eran tan bárbaros que creían que los conquistadores y sus caballos eran seres de una pieza, con rasgos humanos y animales?”, el rector le contestó: “Es verdad, embajador, y lo seguimos creyendo”. La conquista nos divide y nos deja con un mal sabor en la boca”, escribió Oviedo, 28 años atrás.

Juez Supremo