En esta elección no hay más que una opción democrática, lamentablemente. Una alternativa que no nos gusta a muchos pues dudamos de la solidez de su compromiso con la política de los consensos y el diálogo, de su entendimiento cabal de la institucionalidad democrática, y fundamentalmente porque su plataforma propositiva no aborda con entereza la inmensa agenda social postergada en el país. Es sin duda, un trago amargo votar por ella. Sin embargo lo que hay en la otra orilla es el abismo, la ruina de la sociedad peruana en términos económicos, es la muerte casi segura de la democracia, el imperio del odio; todo aderezado con una segura explosión de robo y saqueo sin contrapeso ni frenos.

Castillo, un falso profesor campesino, realmente un empresario constructor que no ha pisado una escuela pública en años, es un admirador de Evo Morales y de Maduro; en sendas entrevistas ha negado que en Venezuela haya dictadura y ha elogiado el modelo boliviano -una ficción que pronto se desplomorá ante la aparición de sendos yacimientos de gas en Argentina y Brasil- sustentado en parte también por el contrabando y algunas otras actividades ilegales propiciadas por el régimen de Morales. Teniendo estos referentes es claro que su empatía democrática debe ser muy reducida; la ruta que propone hacia la constituyente es la misma que se han seguido en estos países con los resultados conocidos de represión policial y de libertad de expresión. Si a Castillo le parecen bien estas experiencias, pues el Partido que lo acoge las llevan al nivel de fanatismo. Son chavistas furibundos; defensores de Maduro y de la dictadura cubana. Incluso han amenazado a periodistas con cerrarles sus programas, tal como ocurre en las dictaduras bolivarianas.

La propuesta económica es similar a lo aplicado por Hugo Chávez y otros experimentos estatizantes, no todos represivos al punto del caribeño, como por ejemplo Argentina, donde hay un marco aún de relativa libertad, pero el plano económico es un absoluto desastre. Esta idea de no importar lo que el Perú produce, es demagogia e irresponsabilidad pura. Lo mismo que la nacionalización de ciertas industrias como las extractivas. Hoy Maduro quiere vender desesperadamente PDVSA y su pupilo Castillo ni se entera.

Seamos claros, Castillo ha dirigido una facción gremial del magisterio con sospechas más que graves de estar ligada a estrategias y frentes de fachada del neo senderismo. En 2017 tensó más allá de lo lógico la huelga magisterial y parece que todo para continuar agitando y agudizar las contradicciones. Ha llevado al Parlamento a gente vinculada al proselitismo de las ideas de Abimael Guzmán, se reúne con exdirigentes del Movadef y no ha sido claro respecto a este punto, victimizándose diciendo que “lo terruquean”. Lo cierto es que es funcional a la estrategia del senderismo.

Castillo combina todo esto con una actitud personal soberbia y machista; ello lo que da cuenta es de un personaje con muchísima ambición y muy poca instrucción. Rehúye debates, maltrata e intenta humillar a su contrincante sin el menor reparo.

Cerrarle el paso a este premoderno esquema, del #SenderoChavismo es una obligación patriótica de todos los demócratas este domingo.

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