Si algo está dejando esta crisis política es poner en evidencia lo peligroso que resulta la combinación de la ignorancia, la ira y el acicate de la manipulación de algunos medios de comunicación que luego de azuzar a la violencia esconden la mano.
También, encuentro desilusión en una gran cantidad de líderes políticos que, por miedo, no han sabido defender la Constitución guardando un silencio cómplice para la defensa del Estado de Derecho y dejando el espacio libre para que algunos partidos políticos y movimientos de extrema izquierda ganen terreno.
Si bien, Manuel Merino no tenía la simpatía de la gente, ello no hacía que su elección fuera inconstitucional ni que su asunción a la primera magistratura se le considere un golpe de Estado. Hoy ante su renuncia, el Congreso usará el mismo marco legal para elegir una nueva mesa directiva y con ello encargarle a otro parlamentario la presidencia del país. Ello demostrará que “existen lecturas diferentes para los mismos artículos de la Constitución y que dependerá del antojo de quienes lo interpretan”.
Por otro lado, la calle está sustituyendo a los votos, y en lugar de avanzar hacia una sociedad responsable que haga respetar el Estado de Derecho donde impere la ley por encima de las personas, estamos logrando que el país se sumerja en la irracionalidad de la fuerza generando las condiciones para continuar en el índice de países con mayor inestabilidad social y política del planeta, los cuales traerá problemas en las inversiones que son fuente de trabajo.
Ante esto ¿quiénes son los responsables? pues los que han dejado que durante los últimos veinte años la informalidad social y política gobierne en el país, simplemente para conseguir simpatías alquiladas para una coyuntura.
Me preocupan de sobremanera los jóvenes, que demuestran que pueden ser controlados y manipulados por la falta de conocimiento de las normas que rigen sus vidas y que han hecho que nuestro país salga de la pobreza durante las décadas pasadas.
No me equivoqué cuando en este mismo espacio escribí que a los políticos les conviene que la sociedad no esté educada, porque ante un “buen” discurso las cabezas sin educación son fácilmente manipulables. Eso pasa en nuestro país, en el que un gran porcentaje vive feliz en una cultura “combi” donde el poder de la fuerza se impone y en donde la informalidad reina.
¿Será la última crisis antes de las elecciones? Dios quiera que sí.