No es casualidad que las elecciones que decidirán si Perú entra a la órbita comunista, o permanece en la Democracia, estén cargadas de presagios de fraude para favorecer al partido que lleva como candidato a Pedro Castillo, quien planteó desde el inicio una asamblea constituyente. Esto significa imponernos un poder excluyente por encima del Legislativo, Judicial y Ejecutivo. Es decir un operativo comunista que desembocaría en el absolutismo calcado de Venezuela, Cuba o Nicaragua. Evidentemente en el balotaje los estrategas chavistas obligaron a cambiar de discurso, para capitalizar la confianza de un pueblo inocentón. Porque los comunistas tienen un credo único. ¡El del engaño! Esta doctrina le sirvió a Chávez para implementar el comunismo en su país. Y podría servirle también al partido irónicamente denominado Perú “Libre”. Agrupación que, si es gobierno, se dedicaría a transformar el Perú en una enorme cárcel. Como en Cuba, Venezuela y Nicaragua. Ironía semejante a la de aquella Alemania comunista, llamada República “Democrática” Alemana RDA, adonde jamás existió la democracia.

Repasemos los hechos que nos llevan a hablar de fraude electoral. Durante la primera vuelta el Jurado Nacional de Elecciones JNE aplicó criterios absurdos para poder vetar a diferentes candidatos adversarios de la órbita comunista. Ilegítimamente permitió la participación de cuatro postulantes al Congreso vinculados al terrorismo; de la misma forma consintió la candidatura de Pedro Castillo, pese a que no declaró una empresa a su nombre, criterio que el JNE sí utilizara para eliminar a postulantes no comunistas. Otrosí. Apenas concluyó el balotaje Fuerza Popular presentó un video como prueba de voluntad de “fraude en mesa”, adonde aparece uno de los estrategas del partido Perú Libre dándole instrucciones a muchísimos personeros para que “asistan antes de las 6am a sus locales asignados, para suplir a los titulares que no llegan o lo hacen tarde; de esa manera la mesa es nuestra y consecuentemente los votos serán para Castillo”. Flagrante demostración de fraude que el JNE debió denunciar a la Fiscalía.

¡No lo hizo! Asimismo aparecieron ene actas con diversas pruebas dolosas que fueron claramente explicadas por Fuerza Popular. El Jurado primero aceptó prorrogar durante tres días el plazo para recibirlas; aunque dos horas después anuló el aplazamiento. Como señala una cita que recorre las redes sociales, “Ignorar evidencias de fraude electoral porque la elección acabó, es como ignorar un asesinato porque la víctima está muerta”. El JNE es consciente de todos los vicios ocurridos. Sin embargo, como reconocer aquello implicaría favorecer a la candidata opuesta a Castillo, usa tecnicismos prevaricadores para proteger al comunismo, pensamiento con el cual comulga el presidente del JNE.

Finalmente Sagasti manipula la elección llamando a MVLL para que pida a Keiko “deje de reclamar”. Simultáneamente amenazó al presidente de la comisión de Constitución congresal exigiéndole no cambiar el artículo constitucional sobre cuestión de confianza “porque impediría que el próximo gobernante (¿acaso pensando en Castillo?) cierre el Parlamento si no le permite gobernar. Si insisten, verán algo peor que lo de noviembre 2020”. ¿No es fraude que el presidente intervenga en los resultados electorales?