Hay mucha gente que rehúsa aceptar la grave encrucijada en que esta nuestra nación. Para empezar atravesamos una pandemia infernal –de pronóstico reservado– que tiene todos los visos de acompañarnos muchos meses más. ¡Y el pueblo no tiene manera de protegerse! Porque el Estado, que gestiona la administración Vizcarra, es incapaz de hacerlo. ¡O quizá su ineptitud forme parte de algún plan macabro! Porque, señores, tanta idiotez profesional es difícil creer que pueda reunirse. ¿Resultado? ¡El Perú está con la piel en carne viva! Oficialmente, hay treinta y pico mil muertos. Y Juan Pueblo cree que le aguarda ese el futuro, razonando que tanto hospitales como clínicas están incapacitados para recibirlo; fuera de la falta de respiradores, oxígeno, medicinas, etc. Ese récord de fallecidos nos pone entre los tres primeros países de mundo en muertes por habitantes, y el sexto en número de contagiados. A esto se suma una catastrófica crisis económica –la peor de nuestra historia y una de las más graves en todo el orbe, según los especialistas extranjeros–que ha dejado desempleados a varios millones de peruanos por la brutal contracción de la demanda en todo sector. Excepto la minería cuprífera/aurífera y la agroindustria. Pero esta crisis también ha destruido el patrimonio privado y estatal, tras caerse la Bolsa de Valores, sumado a la quiebra en cadena de cientos de miles de empresas. Las consecuencias de este crac económico-financiero nos costarán años remontarlas. ¡Encima tendremos elecciones en ocho meses, con el revuelo que generarán! Aparte, seguiremos manipulados por un presidente negligente, fiscalizados por un Parlamento inclinado al populismo, amenazados por una Justicia politizada, y desinformados por una “gran prensa” corrompida. Ante tal escenario, es suicida que los bancos paguen 3% por ahorros a sus clientes, mientras insisten en fijar tasas de interés usureras –hasta 90% anual– por créditos a deudores incapaces de repagar siquiera el principal. Semejante “spread” es incitar al cacicazgo populista que dirige las barras legislativas.

En síntesis, o la banca enmienda su antojo o se atiene a las consecuencias. Podría ocurrirle lo que a las AFP que, cegadas por su soberbia, le sirvieron la mesa a la demagogia, y ahora los jubilados caminan hacia una nefasta re estatización de sus fondos de pensiones. El centroderecha –o lo que queda de él– necesita encajar el jaque mate que tiene delante, jugado por una zurda reencarnada y empoderada por Humala, Kuczynski y Vizcarra. Y los ciudadanos deberán digerir las consecuencias de votar mal. Error en el cual, alentados por ese oráculo apellidado Vargas Llosa, han reincidido votando por Toledo, Humala y PPK. Un trío de asaltantes del poder que han arruinado el país. Otrosí. La sociedad debe prescindir del vicio de las encuestas, que la lleva a elegir “a quien va adelante”; y de esas sutiles campañas de la prensa corrupta, que la induce a sufragar por aquel candidato que, precisamente, conviene a dichos medios.

Apostilla. Preparando alguna trampa de osos, esta prensa venal acaba de publicar una encuesta donde Vizcarra figura liderando las preferencias estando constitucionalmente impedido de postular.