Pequeño cuento escrito para niños, original y entretenido. “Una historia de dos bestias”, de Fiona Roberton, narra dos veces la misma historia pero con dos protagonistas distintos. En la primera parte, una niña narra cómo rescata del bosque a una extrañísima bestia, con la humana intención de protegerla porque la considera que está desamparada. La lleva a su hogar y la trata con el mayor cariño y cuidado, como solo lo hacen los niños. A pesar de todo ello, la bestia no se siente feliz. Una noche sucede lo inesperado y ante el descuido de la niña la bestia huye y se interna en el bosque. Al darse cuenta de ello, la niña siente nostalgia y aflora su preocupación por lo que le sucederá al indefenso ser que había rescatado. La segunda parte, es narrada por la bestia. Narra la horrible experiencia vivida al haber sido obligada a habitar un extraño lugar, a alimentarse de cosas raras y a vestirse con indumentarias que lo único que lograban era ponerla en ridículo. En esta historia se ven las situaciones con ópticas distintas. La autora nos envía un enorme mensaje para que trabajemos la empatía desde niños. Al respecto Walt Whitman escribió una genial frase: “No pregunto a la persona herida como se siente. Yo mismo me convierto en la persona herida”.

Pareciera que eso sólo sucede en los cuentos. ¡Pero No! Nuestro país es el lugar exacto para cuentos de terror, donde los actores centrales son bestias reales de varias cabezas que pululan haciendo gala de su indolencia y mostrando su nula empatía por la otra persona y actuando como si se tratara de su enemigo. Montesquieu hace años lo anotó: “Lo que más acerca al hombre a la condición de bestia es no ser libre donde lo son los otros. Y quien vive así, es natural enemigo de la sociedad”. Mientras no se den respuestas reales desde la educación, veremos activos a estas bestias de múltiples cabezas contándonos historias que ni ellos los creen.

Los primeros actores para evitar que estas bestias se procreen somos las familias. Y uno de los medios de poder es la lectura, la que desarrolle pensamiento crítico y reflexivo. Ahora entenderán por qué no se promueve la lectura desde el Estado. Es hora de actuar. De no ser así, seguiremos eligiendo a las mismas bestias de siempre.