En estos tiempos difíciles, cuando todavía seguimos encerrados, esperando la milagrosa vacuna que nos salve de esta pandemia, no debemos encerrar nuestros corazones y mentes. Es tiempo para concebir la imaginaria vacuna que nos permita viajar y soñar con mundos diferentes, con escenarios que maravillen nuestras mentes. No olvidemos a la niña heroína Ana Frank quien nos legó, desde su cautiverio, una tremenda lección de vida, señalándonos que “Las personas libres jamás podrán concebir lo que los libros significan para quienes vivimos encerrados”. Nuestra niñez, en silencio, es la que sufre más los estragos de la pandemia y del confinamiento. Es urgente revertir esta situación para que su mundo siga siendo mágico. Es nuestra responsabilidad ayudar a edificarlo.

En Chincha, un grupo de entusiastas jóvenes desarrolla una cruzada por la cultura, campaña dirigida a la niñez chinchana. Ellos se han propuesto, para las fiestas de Navidad, llevar un regalo especial: obsequiar un libro. El sueño mayor es que cada hogar disponga de una minibiblioteca y que la luz que de ella emane ilumine cada hogar como si fuera un pesebre. Por eso invocan a las personas de buen corazón apadrinar donando libros. No es usual regalar libros en Navidad. Por eso, el reto es mayor para los entusiastas promotores, ellos van a hacer todos los esfuerzos para arrancar una sonrisa duradera en el rostro de las criaturas que los reciban. Ellos tienen claro que “Quien regala un libro, además de un obsequio, está regalando un delicado elogio”, porque a través del tiempo se ha demostrado que “El libro es fuerza, es valor, es alimento; antorcha del pensamiento y manantial del amor”, como lo señalara Rubén Darío.

Para quienes, en tiempos difíciles y adversos, asumen la noble tarea de servir al pueblo va todo nuestro reconocimiento. Todo el aprecio y aliento para jóvenes como Karen Chávez, Diana Flores, Abrahan Herrera y muchos más: son nuestros Quijotes, que van construyendo una patria distinta. Son la gente nueva que viste el uniforme de un mundo nuevo; son quienes vienen con decisión a enfrentar la apatía, quienes asumen el rol de un Estado ausente, de un Estado que, con su indiferencia, siempre se lava las manos; son quienes, dejando su holograma en casa, salen mochila en mano, a llenar el corazón de las niñas y los niños con palabras encerradas en un libro, que es un presente que les durará toda la vida.