Conocí a Gloria Toranzo a través de su clásico libro “El estilo y sus secretos” que los alumnos de la Facultad de Ciencias de la Comunicación de la Universidad de Piura (UDEP) estudiábamos. Nunca imaginé que, con el paso de los años, iba a conocer y valorar tanto la Estilística que aprendí en ese libro que, cuando escogí un tema para mi tesis doctoral, en la Universidad Complutense de Madrid, me decidí precisamente a estudiar el estilo de uno de los columnistas políticos más destacados del diario ABC, Jaime Campmany, quien fundó la revista Época y fue considerado uno de los mejores periodistas y escritores satíricos españoles.

Este fue el motivo por el cual busqué a Gloria Toranzo en Madrid. Mis únicas credenciales de presentación eran: un ejemplar de su libro, completamente subrayado y con apuntes a pie de página; que procedía del Perú -allende los mares- y que había llegado a estudiar con una beca del gobierno español. La UNED, donde ella trabajaba quedada en el quinto piso; recuerdo que además del Metro, debía tomar un autobús. Pero, llegué y la encontré en el despacho que compartía con su hermana Lourdes.

Me recibió con mucho afecto y curiosidad, quería que le contara toda mi aventura, desde Piura, a la oficina de su universidad. Se sorprendía, sobre todo, de mi interés por su libro y de cómo éste había llegado a la biblioteca de la UDEP y, además, de cómo fuera tan valorado. Le conté que ya tenía unos meses estudiando y que quería investigar un tema que me había llamado la atención: el estilo de “humor satírico”, con el cual los columnistas trataban temas políticos serios, a modo de caricaturas escritas.

Desde el inicio, comprendió y le agradó que estudiara el “Recurso del Humor en el Periodismo de Opinión” -un género, el de opinión que, en el Perú, no acepta cabriolas; porque se prefiere solemne- y en España, pasa desapercibido, tal vez, porque es parte del espíritu hispánico; pero, con un punto tal de sal que no llega a ser chiste, ni burla; sino el fruto de una viva imaginación, con la que se afirman verdades serias, con una gracia que lleva fácilmente a la risa.

Como pocos asesores, Gloria me atendía con frecuencia y puntualmente. Me asombraba que, aunque la encontrara sumida en otras tareas, dejaba lo que tenía que hacer, para centrarse en mi trabajo que corregía de manera prolija, dedicando toda su experiencia a explicarme los por qué y para qué de sus modificaciones. No regateaba su conocimiento, ni su tiempo, ni su espíritu de servicio. Un día me sorprendió su rapidez con que se puso de rodillas para conectar una fotocopiadora que yo necesitaba, no me dejó hacerlo.

Antes de la defensa de mi tesis doctoral me citó en su casa para que, delante de ella y de Lourdes, su hermana, hiciera mi presentación. Me corrigió bastante, y mientras Lourdes intercedía por mí. Recuerdo que hasta quiso ver el vestido que me pondría, porque como maestra universitaria de muchos años, respetaba los actos académicos con toda su solemnidad. Fue así como nos hicimos verdaderas amigas y la visitaba siempre en Madrid.

Estuvo en Piura y en Paita, invitada por nosotros a dictar un seminario en la UDEP, otro capítulo que contar. Fue doloroso enterarme de su fallecimiento en Madrid, este 2 de junio, me quedo con su recuerdo entrañable de maestra y con la dedicatoria que me dejó en su libro: “Con el cariño de una amistad más que inquebrantable, Gloria”.

Ex congresista de la República.