Lee en este momento Johnny Barbieri, “Y Lima es una estrella”, afirma, e inmediatamente le entrega el micrófono al poeta Antonio Sarmiento, ancashino, que empieza a leer un poema dedicado al Perú, a su construcción emocional que se amurralla como una ciudad que le da de manotazos al agua, parafraseándolo. “Cómo cogerte de raíz hundiendo mis ojos en tus pupilas”, se pregunta, y yo pienso en la diversidad del panel, luego leerá Leoncio Luque, puneño, hijo adoptivo de esta metrópoli que aún sitiándolo en su periferia no ha dejado de pronunciar a Puno en su poética. Seguirá Ildefonso, Miguel, heredero de Cerro de Pasco, acaso el más limeño de una primera generación de migrantes con una obra que lo ha confirmado como una de las voces más contundentes de la generación de los noventa, allí, esperando su turno, mientras escucha a Sarmiento. Empieza ahora Leoncio Luque, Óscar Limache lo observa, toca el lomo de uno de sus libros, observa al público, se concentra en el recital de Luque. Es la primera vez que se reúnen cinco Premios Copé de Oro de Poesía en un evento organizado por la Cámara Peruana del Libro, así: presencial, con un público atento a cada uno de ellos. Limache (Copé, 1988), Ildefonso (Copé, 2001), Luque (Copé, 2013), Sarmiento (Copé, 2015) , Barbieri (Copé, 2019), cinco voces mayores de los últimos cuarenta años de literatura, cinco registros, cinco sensibilidades que reconfiguran la épica de un país que sobrevive en medio de la tragedia. Gracias por esta toma en la que se sintetiza no solo la poesía de dos generaciones, sino la proyección de un proceso que sigue entregándonos la posibilidad de reescribir el futuro. Cinco Poetas, o una mano para estrechar el porvenir.

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