En abril del año pasado, el presidente Vizcarra fue entrevistado en el programa de televisión Punto Final, que conduce la periodista Mónica Delta. Con aplomo, voz fuerte y convicción, el mandatario ofreció que el 2019 entregaría 80 hospitales y mil colegios. Han transcurrido un año tres meses del anuncio y el gobierno no ha edificado un solo centro de salud ni locales escolares, pero tampoco ha explicado por qué no lo ha hecho. Lo mismo sucede con varias ofertas públicas, entre otras dos carreteras centrales que debieron concluir una parte el 2018 y la obra completa el 2019. (El Comercio 06/11/2016). Tampoco han reparado, como lo prometieron, la infraestructura dañada por huaicos, y las obras para la reconstrucción con cambios en el norte sigue siendo una promesa incumplida, desde hace casi cuatro años, al punto que ahora recurren a Gran Bretaña para sacar adelante los empantanados proyectos.
Largo sería enumerar la cada vez más elástica distancia entre dicho y hecho, que es el ADN del régimen. Pero lo más grave ha sido el deliberado, sistemático y perverso engaño sobre el número de muertos por Covid-19. El gobierno solo ha reaccionado cuando agencias internacionales de noticias, el Financial Times, Washington Post y la televisión rusa sostuvieron que los muertos por pandemia eran tres veces más que los consignados en la manipulada estadística oficial, como en su momento advirtieron los propios asesores del régimen, entre ellos Farik Matuk, que reportaron esa anomalía estadística al propio Vizcarra y a su Consejo de Ministros el mes de mayo.

Recién cuando se produjo el cambio de gabinete, los muertos escalaron a 43 mil, aunque ahora vuelve a señalarse que existe un nuevo subregistro porque la cifra de fallecidos debe ser 50 mil. Solo hay una explicación para esta deplorable engañifa de los números: ocultar que, como consecuencia de la pésima gestión de la pandemia, morían miles de peruanos y los infectados eran muchísimo más que los declarados.

En el mensaje de Fiestas Patrias, sin embargo, no hubo ninguna autocrítica del presidente. Más bien manifestó muy orondo que “la transparencia tiene un rol fundamental en nuestro mandato” y más adelante sostuvo que “dejemos de lado las peleas” y que “la división de poderes es la base de cualquier democracia”.

Lo dice quien hizo de la confrontación un estilo de gobierno, vulnerando la soberanía de los otros poderes del Estado. Así ocurrió cuando Vizcarra disolvió el Congreso a través de una leguleyada fáctica o cuando se presentó en el Congreso para exigir que destituyan al Fiscal de la Nación, Pedro Chávarry, a quien sometió a una masacre mediática.

Será el tiempo que ponga en evidencia estos hechos lamentables. Por lo pronto un capítulo de esta época de luto y sicosociales, de encuestas pérfidas para satisfacer infladas vanidades, llevará como título La Mentira Histórica. Recuérdenlo.