Si tuviéramos que hacer un resumen de lo que han significado estas primeras semanas del año podríamos sintetizarlo en: un Gobierno sin brújula, indicios de ideologización, un Parlamento inexistente, la segunda ola del Covid-19 y un claro enrarecimiento electoral. El poco tiempo de vigencia del Gobierno de transición no puede ser un límite para el análisis, ya que estos primeros 2 meses son la cuarta parte de todo el tiempo que tendrán hasta entregar el poder en julio.

Estamos frente a un Gobierno sin brújula, ya que en aquello en lo que tenía que mostrar un cambio profundo respecto al vizcarrismo simplemente ha optado por persistir en el error; esto es en la estrategia sanitaria. La confirmación de Pilar Mazzetti al frente del MINSA podemos señalarla como el más grande desacierto de Sagasti. Luego en el plano de mantener la paz social también está en franca deuda con el manejo errático del tema Agrario y las protestas alrededor de aquello.

El exceso de ideologización se nota claramente en el ataque sistemático a la moral de la Policía Nacional del Perú y el quiebre de su institucionalidad. Lo mismo han tratado de hacer con las Fuerzas Armadas, aunque aquí han encontrado más resistencia. En esto los morados parecen seguir el libreto de la izquierda radical. Adicionalmente este enfoque cargado de anteojeras ideológicas se deja notar en el dispositivo normativo que permite quebrar el secreto bancario para aquellos que tengan más de 10 mil soles en sus cuentas de ahorro. Un atropello sin justificación.

Es crítico señalar que estos y otros pasos erráticos del Gobierno del Partido Morado no merecen mayor acción de un Parlamento que ha abdicado para todo efecto práctico de su función de fiscalizar. El temor a la prensa mayoritaria y al rechazo ciudadano -que podría expresarse en movilizaciones- es tal que este Congreso ha decidido autodisolverse.

Lamentablemente todo este contexto político se da al tiempo que el país experimenta un rebrote alarmante del número diario de contagiados del Covid-19. Entendidos señalan que esta ola será mayor que la primera. Esto último con la criminal implicancia de que en estos meses de relativa paz no incrementamos al ritmo que requeríamos nuestra capacidad de camas UCI.

Finalmente, diremos que el marco electoral está sufriendo un claro enrarecimiento con la exclusión del Apra, la de Acuña, aún por revisarse en el pleno del JNE, la de Cillóniz, la de Francisco Diez Canseco, la tacha contra De Soto y la posibilidad de que el JNE habilite a Vizcarra, a pesar de haber transgredido claramente las normas, configuran maniobras que bien pueden abrir las puertas de un esquema en donde se busque favorecer a las candidaturas del establishment. En buena cuenta parece cocinarse un fraude.