Alguna vez nos hemos preguntado si existe una relación posible entre la política y la amistad. El escritor mexicano Martín Luis Guzmán en su libro La sombra del caudillo (1929) escribe a partir de su personaje Axkaná una reflexión se hace tan cercana, tan cierta y tan vigente a la vez:
“En el campo de las relaciones políticas, la amistad no figura, no subsiste. Puede haber, de abajo-arriba, conveniencia, adhesión, fidelidad; y de arriba-abajo, protección afectuosa o estimación unitaria. Pero amistad simple, sentimiento afectivo que una de igual a igual, imposible. Esto solo entre los humildes, entre la tropa política sin nombre. Jefes y guiadores, sin ningún interés común los acerca, son siempre émulos envidiosos, rivales, enemigos en potencia o en acto. Por eso ocurre que al otro día de abrazarse o acariciarse, los políticos más cercanos se destrozan y se matan. De los amigos más íntimos nacen a menudo, en política, los enemigos acérrimos, los más crueles”.
Se trata de una novela ambientada en los años posteriores de la Revolución mexicana y representa una crítica al caudillismo. En un pasaje, dos personajes –los generales Aguirre y Jiménez– que perseguían la presidencia, tienen el siguiente diálogo:
“Estamos hablando con el corazón en la mano, Hilario, no con frases buenas para engañar a la gente. Ni a ti ni a mí nos reclama el país. Nos reclaman (dejando a un lado tres o cuatro tontos y tres o cuatro ilusos) los grupos de convenencieros que andan a caza de un gancho de donde colgarse; es decir, tres o cuatro bandas de politiqueros… ¡Deberes para con el país!” (general Ignacio Aguirre).
“Franqueza por franqueza. Yo no creo lo mismo, o no lo creo por completo. Mis andanzas en estas bolas van enseñándome que, después de todo, siempre hay algo de la nación, algo de los intereses del país, por debajo de los egoísmos personales a que parece reducirse la agitación política que nosotros hacemos y que nos hacen” (general Hilario Jiménez).
Años después la novela fue llevada al cine por Julio Bracho, quien la dirigió. Se filmó en 1960 en Ciudad de México y Toluca, y recibió el premio del Festival Internacional de Cine de Karlovy Vary, uno de los más antiguos del mundo, al ser reconocida como la mejor película mexicana de todos los tiempos. Luego fue censurada, pero esa ya es otra historia. Sin duda, se trata de una historia que merece ser reflexionada no solo en este, sino en todos los tiempos.

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