No se puede dejar pasar por alto el ataque cibernético que sufrió el diario EXPRESO el domingo pasado, por lo cual se intentó sacar del espacio digital a un medio de comunicación claramente fiscalizador de las acciones del Estado, en un momento tan crítico para el Perú, cuando quienes ejercen autoridad y gobiernan debían dar ejemplo de probidad, eficiencia y compromiso con la ciudadanía.

La democracia es un sistema de pesos y contrapesos entre los distintos poderes del Estado, pero que también otorga a los profesionales de los medios de comunicación, la libertad de obtener información, investigar, informar y opinar; porque tienen el deber de hacer un ejercicio terapéutico frente a cualquier tipo de corrupción enquistada en el poder político, económico y social que afecte a los ciudadanos.

Los gobiernos, por correctos que sean, siempre necesitan la vigilancia de la ciudadanía a la que sirven. La trasparencia en el ejercicio del poder es una característica de las democracias modernas, sobre todo en una sociedad donde ya nada puede ocultarse, menos como se si tratara de esconder la basura debajo de una alfombra. Los medios digitales y las redes sociales les han entregado suficientes herramientas a los medios y a la ciudadanía, para probar inconductas, con las que antes no contaban.

Por tanto, solo una ciudadanía demasiado desinteresada, individualista o distraída no dedica un tiempo a informarse, y no sólo a través de los grupos mediáticos que poseen una información y opinión de “tarifa plana”; sino en aquellos otros, donde encuentra información diferente, contrastada y que le permite hacerse una opinión madura y distinta a la opinión oficialista.

Son estos medios distintos, y los que se atreven a señalar los resbalones e ineficiencias del poder político, los “mal queridos”; porque que defienden las libertades y la democracia, de quienes tienen vocación autoritaria o se rodean de colaboradores que huelen a marxistas, trotskistas, maoístas, acostumbrados todos a la manipulación y dominio de los ciudadanos en provecho propio, especialmente de los más pobres, a quienes dicen defender.

El ataque sufrido por la web del diario EXPRESO se produjeron cuando éste informó sobre la promesa incumplida, por parte del gobierno, de las 2000 camas de Cuidados Intensivos para los pacientes del Covid-19, ofrecidas para el 30 de junio y que no llegó a hacer realidad, como en muchos otros casos. Una casualidad que, inmediatamente después, su web con toda la información histórica que posee, fuera atacada.

Se ha descubierto que el autor es un hacker especializado que actuó desde Rumanía. ¿Será para no despertar la mínima sospecha que el “gato encerrado” está mucho más cerca, o porque el acto delicuencial lo tenía que perpetrar un francotirador especializado, como lo es “chippy 1337”, quien anteriormente hizo lo mismo con el diario Los Ángeles Times de Estados Unidos?

Ha hecho bien el IPYS -Instituto de Prensa y Sociedad- en manifestarse por este ataque, pero no así los medios que han callado y restado importancia a este hecho. No se puede callar, ni disimular la conducta totalitaria de quienes quisieran seguramente disfrutar del poder de manera absoluta, sin las trabas que puede ponerle la prensa libre.

Es momento de que el Gobierno se manifieste y ponga en marcha una investigación internacional, a través de Cancillería, de lo contrario podríamos sospechar que serían personajes cercanos al poder, los interesados en replicar un régimen que nos recuerda el golpe militar de Velasco Alvarado y la confiscación de la prensa o que tienen una vocación muy cercana al chavismo venezolano.

Profesora en CENTRUM