A la luz de la última elección municipal y de lo que va de ésta, se hace necesario reflexionar sobre las elecciones de las últimas décadas, y cómo deberían ser. ¿Vamos hacia algo mejor? Creo que sí, pero siempre existirá la posibilidad que LOS INNECESARIOS, de una manera u otra, lo corrompan todo.

Hermanos peruanos, la presión social, las nuevas tecnologías y las tímidas reformas de los sistemas de partidos y electoral, están forjando una nueva forma de hacer política en el Perú; ¡NO IDEAL, PERO MEJOR!
Quijotes, gracias al Poder Judicial e investigaciones del Ministerio Público, sabemos del pitufeo, de los aportes fantasmas, de las desprendidas donaciones de los constructores y banqueros.

Actualmente, para funcionar, los partidos inscritos ante el ROP gozan de un presupuesto fijo anual. Además, reciben un monto que depende de su representación congresal, desventaja que determinará que los partidos pequeños se mantengan así o desaparezcan. Respecto a la franja electoral, si bien es un aporte no es suficiente. Por otro lado, según la Sra. K, los postulantes a la presidencia y al Congreso, los militantes, simpatizantes y congresistas en actividad, aportan DESINTERESADAMENTE. Imagino que también llegaban y siguen llegando dinero como cancha como parte del botín de las alcaldías, gobiernos regionales, regidurías, consejerías regionales, ministerios y cuanto cargo público logrado gracias al partido.

Ahora TikTok, Facebook e Instagram. Antes mítines, encuestas a granel, entrevistas, publicidad televisiva y radial, portátiles, publicidad aérea, paneles y valla publicitaria, conciertos, pasacalles, polos, gorros, tazas, lapiceros, banderolas, pintas, videos, letreros, dípticos, trípticos, folletos, mosquitos, movilización, asesoría en marketing político y otros tantos conceptos conformaban la estructura de costos de cada una de las campañas presidenciales, congresales, y de gobiernos subnacionales. Es decir, la fiesta democrática era en realidad el negocio híper millonario del que se enriquecían los grandes proveedores.

Antes, el que tenía más billete era el que posiblemente ganaba la elección. Pero, qué ocurrió en el primer y segundo debate presidencial, sin billete de por medio. Beingolea fue el mejor de lejos; el que diga que Mendoza es porque no sabe que tiene una milicia roja trabajando en redes las 24 horas. Castillo, después de Hernando de Soto, fue el que tuvo más aceptación en la población. Entonces, tanto el Burbujito como el Profe claramente pudieron tener un mejor resultado electoral si el Estado hubiese planificado, organizado y dirigido una campaña electoral en la que cada candidato necesariamente exponga su plan de gobierno. Imaginemos una serie de seis intensos debates presidenciales a lo largo de los tres últimos meses antes de la primera vuelta, y una serie de dos debates antes de la segunda vuelta. ¿No sería mejor así?

Claro, se requeriría de una campaña en parte tradicional, es decir, presencial. Pero, mis queridos Quijotes, todo está cambiando y la forma de hacer política también debe hacerlo. Gracias a la modernidad, a la virtualidad, las campañas electorales migrarán de las calles a los celulares, del Baile del Chino a la seriedad, del billete a las propuestas.

¡Jubilación Política Ya!