Estamos a pocas semanas de celebrar nuestros primeros doscientos años de vida republicana, la cuenta regresiva no se detiene; no se trata solo de festejos, la razón debe ser más que dos y ceros, debemos encontrar un significado más profundo; la preocupación no solo debe ser de nosotros como sociedad, sino también de nuestros líderes y gobernantes. El motivo en cuestión debe llamarnos a la reflexión y a dedicarnos a los temas que, a lo largo de dos siglos, no hemos resuelto aún: pobreza extrema, hambre, muerte por enfermedades, entre otros; estos problemas deben llamar la atención de todos y cada uno de nosotros, buscando crear alianzas o establecer acuerdos para combatirlos, poniendo muy por encima el bien común.
La pandemia que nos azota viene cobrando miles de víctimas en nuestro país, todavía es ínfimo el número de personas vacunadas, se tiene la esperanza que con la inoculación podremos salvarnos de la ola de muerte; pero no solo el coronavirus viene cobrando vidas, existen más virus y más enfermedades que no han cejado en su ataque y tampoco debemos desistir en hacerle frente; observamos cómo todos los países del mundo despliegan sus esfuerzos para proteger a los suyos y apoyar a las investigaciones en búsqueda de la cura; esto es una gran muestra del progreso y que todos debemos conocer. En el ámbito de la salud, todavía son altos los índices de mortalidad infantil a causa de enfermedades prevenibles y tratables; la desnutrición infantil viene generando retraso en el crecimiento de los niños, así como el deterioro físico y cognitivo, ambos irreparables. Existen otros temas preocupantes como la gobernanza, el desarrollo sostenible, el acceso a más y mejores oportunidades, la educación, la equidad (en el amplio sentido del término), la seguridad ciudadana y la lucha contra la corrupción.
Las nuevas tecnologías llegan hasta los lugares más remotos de nuestro país y del mundo, podrían servirnos como un instrumento para involucrar a todos (o casi todos) los peruanos, en una comunicación plena, donde la persona no solo sea un receptor pasivo, sino también exprese su voz y haga sentir su presencia. Podemos poner en práctica la democracia colaborativa, esforzándonos por llegar a los más pobres, a quienes no tienen acceso a la tecnología moderna, involucrándolos en la construcción de su futuro. Las redes sociales, las telecomunicaciones y los medios de comunicación son capaces de unirnos y poder expresarnos, luego debemos procurar que esa expresión se convierte en acción, con el compromiso y el concurso de todos; estoy seguro que no habrá líder político que se mantenga al margen; es innegable el poder del ciudadano en las redes y en los medios, debemos encaminar ese poder a la apertura del progreso, asegurándonos de que cada autoridad cumpla su rol y sus promesas y que la presencia del Estado llegue a todo lugar y a todas las personas.
Los tiempos que se vienen no serán nada fáciles, a pesar de la pandemia, el índice demográfico sigue en aumento, y con ello mayor consumo y escasez de recursos naturales; todavía tenemos a muchos hermanos nuestros en condiciones paupérrimas, abrigamos la esperanza de que cada vez sean menos; es posible, ahora, identificar dónde están esas personas y quiénes son, ¡hagamos algo por ellos! Es momento de actuar correctamente, utilizando la creatividad y la tecnología, uniéndonos en vez de separarnos, trabajando todos juntos como uno solo. ¡Unidos lo lograremos!

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