Observamos con frecuencia en documentos oficiales y notas periodísticas expresiones referidas a la “seguridad social en salud”. Esta expresión es una tautología, la “seguridad social” por definición es integral, es decir abarca los subsistemas de salud, pensiones, otros subsistemas relacionados con el bienestar ciudadano; y cubre a toda la población de una nación.

En 1942, Beberidge hablaba de una seguridad social para “aliviar el estado de necesidad e impedir la pobreza… objetivo que debe perseguir la sociedad moderna y que inspira el carácter de generalidad de la protección”. La Declaración Universal de los Derechos Humanos en su Artículo 22 expresa: “Toda persona, como miembro de la sociedad, tiene derecho a la seguridad social, y a obtener, mediante el esfuerzo nacional y la cooperación internacional… la satisfacción de los derechos económicos, sociales y culturales, indispensables a su dignidad y al libre desarrollo de su personalidad”.

Si se quiere puntualizar el “subsistema de salud”, es mejor denominarlo “seguro social en salud”. Sin embargo, la globalización que vivimos nos lleva a “globalizar” conceptos y se prefiere hablar de “aseguramiento”, trayendo consigo la despersonalización de las ideas y la confusión de conceptos. “Seguridad social universal” o “Universalización del seguro social en salud” o “Aseguramiento universal en salud”, cada uno son definiciones diferentes.

En cualquier país el ideal a alcanzar es “seguridad social universal” para todos los ciudadanos, como lo señalaron Beberidge (1942) o Bolívar en su Discurso de Angostura (1819), condición que en gran medida ha sido alcanzada por varios países europeos: Francia, Alemania, España, Inglaterra; los países nórdicos; Canadá; etc.

El “aseguramiento universal en salud” es el acceso de la población a un tipo de “seguro de salud”. Es la suma aritmética de los ciudadanos con cobertura por el seguro social (EsSalud), o el seguro estatal (Seguro Integral de Salud), o los seguros privados (Compañías de Seguros); pero no garantiza una cobertura de atención adecuada a todos. El Plan Esencial de Aseguramiento en Salud (PEAS) es un plan mínimo de cobertura de atención con grandes vacíos, “abandona” a la población pobre con problemas de salud o enfermedades más graves, sin darles cobertura. Esta es una vía inadecuada e injusta para la población con menores recursos.

La universalización del “seguro social en salud”, indebidamente llamado “seguridad social en salud”, debe ser un objetivo de gobierno, como parte de una seguridad social plena, que aspire a mejorar las condiciones de salud y de vida de la población, garantizando una cobertura de atención integral. Para ello se requiere mejorar la calidad del empleo; la subvención del Estado a la población pobre; la reforma tributaria; y el cambio del modelo de atención de salud. Considerando que los extremos de la vida son los más vulnerables, muy bien se puede iniciar con un “seguro social en salud” para esos segmentos, con cobertura de atención integral. No esperemos otra pandemia.