El Gobierno usó el camino más fácil; aplicar el poder para encerrar a la población sabiendo que ello no es la solución para la crisis “ecoviral”. Mi hipótesis para la nueva encerrona descansa sobre la base de la “ineficacia del Gobierno para administrar adecuadamente la crisis” y de “taquito” para favorecer al candidato del partido político del presidente de la República que, coincidentemente, adquirió el virus un día antes que el Gobierno anuncie el confinamiento obligatorio.

Hoy tenemos una crisis “ecoviral” donde la economía se despedaza, pero el Gobierno no demuestra imaginación para solucionarla.

El virus es algo que va a continuar, y lo que tiene que hacer el Gobierno es reinventar el modo de vida en el país; no en forma negativa con restricciones sino con ampliaciones para que podamos usar todo el día para nuestras actividades. Por ejemplo, que los negocios puedan abrir las 24 horas para que la gente, como mejor le convenga, use el tiempo para realizar algún tipo de actividad comercial. Que el sector público amplíe sus horarios para evitar los “cuellos de botella”. En síntesis, debemos “abrir la cancha y no cerrarla”.

Si el problema es la aglomeración, lo que debemos hacer es evitarla ampliando los horarios, los espacios públicos, privados y no restringiéndolos.

No cabe duda que las crisis nos permiten encontrar nuevas formas de encarar soluciones y la manera que el Gobierno está actuando no es la más inteligente porque “trata de corregir problemas nuevos con viejas fórmulas” cuando lo inteligente es encontrar “nuevas soluciones para los nuevos problemas”.

Lo vuelvo a decir, el día tiene 24 horas y si el Gobierno amplía los horarios para los servicios y el comercio para que funcionen todo el día, las personas usarán el tiempo como mejor se les adecúe y de esa manera evitarán las aglomeraciones y la economía del país no terminará despedazándose.

Señores del Gobierno, “si el problema es espacial la solución también es espacial”. Pero claro está, que las personas deben seguir cuidándose para evitar contagiarse y morir, sobre todo ahora que nuestra infraestructura en salud está colapsada.

La tradicional forma de vida ya cambió y seguirá en ese camino ante los nuevos retos que nos ha impuesto la crisis viral. Hay que usar bien el “coco” me decía mi abuela.