En anteriores artículos, hemos reclamado por la ausencia de los organismos internacionales, en tiempos en que se requiere la solidaridad para enfrentar la pandemia del Covid-19 y las consecuencias económicas que viene sufriendo el mundo, pero principalmente los países más pobres.

Veíamos que el multilateralismo se había convertido únicamente en texto para la enseñanza del Derecho Internacional Público en facultades de Derecho y academias de formación diplomática, pero que penosamente se había vaciado de contenido práctico.

Lamentábamos que las Cancillerías de nuestros países no exigían a los organismos internacionales, principalmente a la ONU, su activa participación para enfrentar todos, unidos en el mundo, la gravísima crisis sanitaria que nos agobia y, como ya dijimos, las severas consecuencias económicas que viene acarreando.

No se necesita ser zahorí, para saber que los países más desarrollados, con sana economía y con reservas económico-financieras poderosas, están más capacitados que los países pobres y los en vías de desarrollo, para enfrentar exitosamente al flagelo que diezma al mundo.

Los países con deficiencias fiscales, con presupuestos deficitarios y balanzas comerciales negativas, así como con mayor desempleo, carecen de los recursos económicos suficientes para mitigar la pandemia y ayudar a sus poblaciones con atención sanitaria e incluso hospitalaria, con medicinas, así como con ayuda alimenticia y monetaria.

En toda época los países, con más recursos, se han llenado la boca diciendo que son los que sostienen en la práctica a los organismos multilaterales, sea para prevenir conflictos, como también para solucionarlos y, al mismo tiempo, colaborar en el desarrollo de los países pobres o en pobreza extrema.

Bueno pues, hoy por hoy, tienen la oportunidad de demostrarlo, ayudando en la Organización de las Naciones Unidas – ONU, prosperen proposiciones como las del Perú, Colombia y Ecuador, para que la ayuda internacional pase de ser lírica a fáctica y, tengamos más posibilidades de salir menos afectados de las crisis a las que nos hemos referido.

La diplomacia peruana ha dado talla en la última Asamblea General de las Naciones Unidas, al plantear a los países conformantes de ese importantísimo foro global, que se declare a la vacuna contra el Covid-19, un bien público de la humanidad, con precios accesibles a todos los países, en especial para los países en desarrollo.

Obvio que la resolución propuesta no puede quedar como una declaración más, a la que nos tienen acostumbrados muchos de los organismos internacionales, sino que debe tener contenido real y efectivo, exigiéndoles a los laboratorios que investigan y producen la vacuna, que su comercialización no sea con espíritu de lucro, pese a que es legítimo en otras circunstancias.

Nos encontramos ante una situación sanitaria gravísima que requiere la ayuda internacional solidaria, pues si ella no se otorga, serán los países con más recursos, los responsables de las muertes y padecimientos de millones de personas en diversas latitudes de nuestro planeta. La pandemia puede tener consecuencias mucho más negativas que una confrontación bélica, pero si hubiere la mano solidaria que ayude, puede ser más llevadera y ahorrará al mundo de muchos sufrimientos.