Así se le ha denominado a este festín de vacunas logradas por privilegios de algunas autoridades del Estado que finalmente se vieron descubiertas y no les quedó otra que confesar. Es ahora cuando entendemos por qué no le permitían a los privados poder importar y comercializar las vacunas, y por qué las autoridades no se preocupaban ante la incapacidad de poder traerlas. ¿Qué se iban a preocupar? si ya estaban vacunados. Esto ha visibilizado lo peligroso que es el control absoluto del Estado, porque quien está en el gobierno se convierte en juez y parte ante cualquier situación, ocultando la realidad y beneficiando a dedo a unos pocos. Incluso si por sus propios errores nos enteramos de algo negativo tenemos que confiar que entre ellos mismos se sancionarán, y ya sabemos cómo termina eso.

Haber privilegiado a unos cuantos altos funcionarios del Estado para vacunarse a escondidas mientras los peruanos morimos aplaudiendo cuando llega un avión con vacunas, deja ver la miseria de un sistema que permite prácticamente un monopolio en la administración de las vacunas. Ha quedado claro que el Estado no puede ser el único en administrarlas.

Sin embargo, el Ministro de Salud Óscar Ugarte dijo hace unos días que involucrar a los privados podría alterar el cronograma de vacunación. Los Gremios de empresarios le aseguramos que lo alterará, pero para bien, porque acabaría con esos privilegios estatales y permitiría que muchos peruanos puedan acceder a vacunas, incluso de manera gratuita porque los empleadores pagarían para vacunar a sus trabajadores y familias. El Estado no tendría que poner dinero, no tendría que estudiar nada, solo tendría que querer salvar a los peruanos a la velocidad máxima que la capacidad público-privada permite. Actualmente estamos inoculando (poniendo una dosis) a sólo 13,200 personas por día, es decir a ese ritmo nos tomaría un año para inocular las dos dosis a aproximadamente 2.5 millones de personas y eso no es aceptable.

Hace unos días, en el Twitter fue tendencia el #VacunaGate en referencia al escándalo político de Watergate, nombre del edificio de oficinas en Washington D.C. donde estaba la Sede del Comité Nacional Demócrata, que luego de sufrir un robo terminó involucrando a la administración del presidente Richard Nixon en encubrir continuamente su participación en una serie de actividades ilegales como ordenar investigaciones de sus opositores y usar el FBI, la CIA y el IRS como armas políticas. Este escándalo finalmente obligó a renunciar al presidente Nixon a su cargo el 9 de agosto de 1974 y envió muchos a la cárcel. Pero eso fue en Estados Unidos, y este es el Perú, así que solo nos queda unirnos en estas elecciones para que no sigan gobernando personas como estas.

@sandrostapleton