La mejor defensa (no siempre) es el ataque, presidente Sagasti. Posiblemente piense usted lo contrario en esta coyuntura, viéndose asediado por la serie de circunstancias por la que atraviesan usted, su gobierno, y su predecesor en el cargo. Pero acá no se trata de pasar la bola al otro jugador, sino de enfrentar la realidad que, más temprano que tarde, habrá usted de encarar ante la Justicia. La espiral de falsedades, ingeniero Sagasti, en las cuales usted sigue envolviéndose, es limitada. Todo indica que ha llegado usted al final del engaño al país. No quiso deslindar responsabilidades con el falaz Vizcarra, y por ello ha asumido usted, tácitamente, el íntegro de sus embustes y todos sus pasivos. Resulta intolerable que siga usted atacando a quienes discrepen de las barbaridades que está cometiendo su régimen, especialmente en materia de Salud Pública, Economía y Seguridad Ciudadana. Apela usted a intimidar y exhibir un talante soberbio, matonesco, pese a sus inconsistentes gestiones. Aquello pone de manifiesto que habría decidido acelerar la decadencia del país, iniciada por quien lo antecediera en el cargo –y a quien usted guarda sospechosamente las espaldas en todo momento- llevando la situación del país a peligrosos extremos de tensión, miseria e inseguridad. Sigue usted viejas estrategias soviéticas, so pretexto de aplicar una represión general para “poner orden” en la nación.

Cuando, ingeniero Sagasti, quienes han subvertido el orden a estratos de paranoia son usted y su protegido Vizcarra. Quizá usted pretenda seguir lanzando fuegos artificiales, como denunciar un complot contra la vacuna china adquirida en secretismo. Porque usted, señor Sagasti, compró la vacuna de manera insólita, precipitada, inconsulta y opaca, aún sin que estuviese aprobada por nuestro país. Porque para conseguir que el fármaco Sinopharm ingrese al Perú usted ordenó, de manera aventurada y temeraria, que su ex ministra de Salud Pública, la denunciada doctora Mazzetti, disponga que Digemid apruebe su entrada al país. Sin embargo, Digemid solicitó mayor información a los fabricantes del antídoto. No se conoce si esa información llegó o no llegó. Sólo se sabe que la vacuna Sinopharm ingresó al Perú únicamente con “autorización condicional”. Algo que el presidente Sagasti soslaya, pero que lo envuelve en otra telaraña criminal, porque cientos de miles de peruanos ya habrían sido vacunados con dosis que aún no contarían con la autorización definitiva de Digemid.

Ayer Sagasti dio otra vuelta de tuerca diciendo que “tienen como objeto desestabilizar al gobierno y postergar las elecciones” las críticas a la vacuna que, por una poderosa razón, aún no son autorizadas por la FDA y la EMA, agencias que convalidan el uso de fármacos en Norteamérica y la Unión Europea, respectivamente. Oiga, presidente Sagasti, hoy las vacunas Sinopharm tampoco cuentan con los estudios completos de riesgo, a cargo de las universidades Cayetano Heredia y San Marcos. Ni, desde luego, con la autorización definitiva del Instituto Nacional de Salud y la Digemid. De modo que está usted exponiendo a la sociedad a un riesgo que podría ser mortal. ¿Entiende usted la gravísima responsabilidad que ha asumido?