Hoy, la posibilidad de que el Estado peruano complemente los esfuerzos que viene haciendo el Gobierno por traer vacunas al país podrían perfectamente verse complementados por el apoyo de empresarios privados. El gobierno morado, sin embargo, ve esta posibilidad como un dardo a la equidad que el señor Sagasti y quienes lo acompañan en el esfuerzo de achicar este barco que hace agua a ritmo frenético no parecen dispuestos a aceptar. Lo que resulta increíble es la poca lucidez y la falta evidente de lógica secuencial entre un argumento y otro en el menjunje que han hecho para sustentar una posición en la que nadie gana, salvo los cabilderos que podrían -malpensando después de que todo lo mal pensado es ahora Historia- estar lucrando con la compra de una vacuna en particular: la china. Esa con la que heroicamente se inoculó el lagarto en plena pandemia y la que mandó pinchar a su lista larga de compinches.

La cuestión es bien sencilla: el mundo está, no es ninguna novedad, bajo el ataque de una pandemia: el covid-19. Diferentes latitudes se han visto -en menor o mayor medida- afectadas por la agresividad del virus. Y, claro, luego estamos los peruanos que tuvimos que soportar a dos pandemias a la vez: a la mundial y a la local. Martín “el lagarto” Vizcarra se encargó de transmitir con parsimonia y mansedumbre la calma que seguro le hacía sentir a él mago Hayimi a punta de pócimas fantásticas y -me aventuro a presumir- la constante ingesta de heces de algún mamífero menor (solo así se explican varias cosas). El asunto está en que mientras el lagarto gobernaba el país de las maravillas, el Perú quedó sumido en la peor crisis sanitaria de su Historia, se colocó primero en la lista de países en términos de muertos por millón de habitantes y además Toni Alva, adorada por las masas, mandó nuestra economía a niveles subsaharianos.

Dadas esas condiciones -y vacado el lagarto- hay que aproximarse al problema de las vacunas con una visión un poquito más amplia que algunos de los detractores de cualquier intervención no estatal pregonan: en el Perú hay decenas de miles de enfermos por covid-19, sí. Pero la pandemia no es una especie de chepi bola para todos los demás males que afectan la salud de los peruanos. Entonces: si el Estado tiene que concentrar todos sus recursos (que intelectualmente son tundra) en comprar una vacuna y luego desplegar a un contingente militar digno de un conflicto para evitar que algún Malaguita haga de las suyas y se birle algunos cientos de dosis, la llegada de vacunas privadas permitiría que quienes puedan pagarlas se inmunicen, sí. Pero hay que entender que cada inmunización que el sector privado permite implica la liberación de una vacuna que el sector público consigue. Hay más vacunas públicas y privadas.

Ahora bien: muchos de quienes reclaman que la salud debe ser igual para todos (y les apuesto doble o nada que en su vida se han atendido en un hospital público) tienen un punto y es que es un momento en el que los peruanos que tienen el privilegio de tener un poco más podrían -por la ineptitud del Estado- poner el hombro y ayudar a los millones que el gobierno morado ha dejado desamparados. Y para eso también hay soluciones intermedias. Por ejemplo: digamos que un privado importa una vacuna cuyo precio de venta será X. Podría comercializarse sin problema 1.5X con la finalidad que cada vacuna privada que se compre pague la mitad de una vacuna para alguien que no tenga los recursos de pagar una propia. Este no es momento de profundas discusiones sobre el rol del Estado y la importancia de la igualdad (en la miseria) que algunos piden después de haberse atendido toda su vida en las mejores clínicas privadas: el Estado ha fracasado y si queremos evitar que sigan muriendo 200 compatriotas al día hay que pensar -si es que no fuese mucho el pedido- y fuera de la caja.

No estamos para darnos el lujo de perder ninguna oportunidad de vacunar a la mayor cantidad de gente posible. Como les diría su pensamiento guía Den Xiao Ping: no importa de qué color sea el gato, lo que importa es que compre vacunas.

La posición asumida por Sagasti es bastante graciosa. No quiere que traigan vacunas porque la salud es un bien público. ¿Él se atiende en el SIS o en EsSalud?