El precipitado anuncio del mandatario Sagasti sobre la compra de vacunas transpira a psicosocial. Primero, porque acabó comprando lo que, muy probablemente, haya sido un compromiso de Vizcarra: adquirir las vacunas chinas. El caso es que ésta no tiene visto bueno de la FED (Agencia de Medicamentos norteamericana) ni la EMA (Agencia Europea de Medicamentos). Aparte es más costosa y proviene del país adonde nació la covid-19, un virus sospechosísimo de haber sido elaborado con fines inconfesables. Por último, ningún país sudamericano ha adquirido esta vacuna. Por eso elucubramos que el régimen Vizcarra (cuyo defensor siempre ha sido el partido moradito, al cual pertenece el presidente Sagasti) no sabía cómo imponerle a los peruanos una vacuna con semejantes reparos. La estrategia, entonces, habría consistido en extender hasta el límite el plazo para anunciar la compra de las vacunas chinas, de manera tal que la gente la apruebe –inclusive aplauda– ante la urgencia por inoculársela, en vista de los rumores de una segunda ola, más grave aún que la primera, promovidas curiosamente por el propio gobierno. Como decimos, un evidente psicosocial del tipo de inteligencia retorcida y mediana, típica de improvisados como Vizcarra y su escudero Sagasti.

El hecho es que van transcurriendo días desde que el teatral bardo palaciego confirmara al mundo que el Perú será el último país del orbe en comprar las vacunas anticovid. Y de otro lado, acá seguimos sin saber cuánto le costará a los peruanos este misterioso operativo. Tampoco cuándo llegará la vacuna al país (mes y día, presidente Sagasti). Hasta ahora nos ha dicho que “en enero llegará un millón de dosis”. Esto serviría para inocular a cerca de 400,000 personas, considerando que este inmunizador requiere de dos unidades por persona, y descontando 20% de merma conociendo las “eficiencias” de la administración estatal. Pero 400,000 de 32’000,000 compatriotas representa sólo 1.25% de la población. Asimismo, aparte del millón de dosis “que llegarán este mes”, Sagasti dixit, habló de un compromiso de compra por 38’000,000 de vacunas chinas (en rigor suficiente para inyectar a diez millones de peruanos, considerando la doble vacunación y merma). Por último nos contó que, además, “se comprarán” 14’000,000 de vacunas al laboratorio AstraZeneca, aunque tampoco mencionó costo ni fecha de llegada de esa operación.

Semejante falta de transparencia (¿o se trata de imprecisiones adrede para disimular alguna fabulación manipuladora?) es sumamente peligrosa, tratándose de un gobierno de mitómanos, como el iniciado por Vizcarra y seguido por Sagasti. ¿Por qué diablos hemos acabado comprando vacunas chinas, amable lector? Es una falta de respeto a la ciudadanía y, probablemente, un atentado contra quienes se sometan a ella, porque este gobierno sabe que NO están validadas internacionalmente. ¿Sagasti intenta que los peruanos sean conejillos de Indias de la incapacidad de Vizcarra y de la suya, sin duda? Aparte, el país demanda explicaciones precisas respecto al costo de este ardid.

Otrosí. ¿Cuál será el protocolo para vacunar a 32 millones de peruanos, estando el país convulsionado por amenazas de paros y teniendo elecciones en tres meses?