Después de la patinada experimentada por creer que el postrer Mensaje a la Nación del Presidente Vizcarra estaría a la altura de la catástrofe sanitaria, económica y social que sufre el país, pocas ganas nos quedan al borronear estas líneas para hacer anticipos sobre lo que será la presentación del premier y su Gabinete ante el Congreso a fin de exponer la Política General de Gobierno frente al desastre y plantear la cuestión constitucional de confianza. Lo que sí esperamos es que el primer ministro, como experimentado vocero y ahora nuevo intérprete del Ejecutivo, llene los decepcionantes vacíos del jefe de Estado y proponga las acciones concretas y eficaces que exige este último y difícil año del Régimen. En cuanto al Parlamento, confiamos que luego de horas de debate y matraca haya otorgado el voto de investidura y no agrave el vía crucis. Y a otro asunto.

No deja de ser un escándalo –entre tantos que suceden a diario- el que haya tenido que pasar 26 días para que el país conozca quién fue el congresista que le mentó la madre “no presencialmente” al primer mandatario. La joyita pertenece a la variopinta y “canchera” bancada de Alianza para el Progreso y al área de grabaciones del Legislativo le tomó casi cuatro semanas ampayar al lenguaraz que anduvo, sin duda, bien oculto o encubierto por los pasos perdidos. Lo insólito es la tardía explicación del supuestamente contrito. Aquí su “descargo”: “Nunca tuve la mínima intención de ofender a nadie, mucho menos la investidura de nuestro Presidente de la República, a quien guardo mucho respeto a pesar de fuertes discrepancias con su gobierno (…). Pido disculpas públicas (…)”. ¿Y por qué no las dio de inmediato?.

El affaire se encuentra en manos de la desacreditada Comisión de Ética de la que poco se espera para variar. Sin embargo, en este bochornoso caso no hay inviolabilidad parlamentaria que valga, salvo que la peor de las lisuras sea parte del léxico del Código congresal peruano. ¡Amén!