Luego del apoyo de Francisco I a uno de sus íconos propagandísticos -el matrimonio, unión o como pretenda llamársele a la convivencia entre seres de un mismo sexo- el vendaval socialista que recorre victorioso este continente ha conseguido un triunfo en Chile, tras la abrumadora victoria popular que aprobó el plebiscito para redactar una nueva Constitución. La iniciativa para convocar a una Constituyente nació a raíz de la “brisa” que luego se convertiría en “huracán” –Maduro dixit- lanzada el año pasado por el Foro de Sao Paulo. Hablamos de esa mafia marxista que domina el “clan Castro”, financiada por una Venezuela -hoy indigente- diezmada por el comunismo sudaca tras actuar durante década y media como mecenas de la revolución marxista en la región. Victoria para los rojos sudamericanos, mayor miseria para el pueblo de Venezuela, y el presagio inequívoco de una tormentosa noche para la democracia latinoamericana.

En pleno tercer milenio, cuando el primer mundo avanza implacablemente hacia una sociedad moderna, libre, educada, tecnificada, en extremo democrática y libre, ocurre que América Latina insiste en su autarquía dominada por la inmadurez más canallesca que pueda imaginarse. Su único futuro será la miseria, el atraso, la falta de libertad y el totalitarismo. Basta vernos en el espejo. El Perú de comienzos de siglo fue otro que el Perú actual. En dos décadas hemos involucionado de manera impensable, víctimas fundamentalmente de la insensatez y perversión de tres ex mandatarios: Humala, PPK y Vizcarra. En vez de consolidar el incuestionable avance que logró alcanzar este país y aprovecharlo para propiciar una segunda etapa de reformas políticas proactivas para salir del marasmo tercermundista, esos tres temerarios ex presidentes se dedicaron en todo momento a satisfacer sus egos, a multiplicar sus cuentas bancarias y a procurar el apoyo populachero. Lo hicieron muy conscientes de que con ello empobrecerían al país, exasperarían a la población y tirarían por la borda todo ese descomunal esfuerzo de la población que, sacrificando el presente, respaldó todas las reformas económicas que se dieron, esperanzada en obtener un futuro superior. ¡Hito que conquistó el Perú! Hasta que en 2011 entró a palacio de gobierno la turba ollantista plena de frustración y resentimiento social. Pero sobre todo repleta de envidias, presta a castigar a los ricos (que forjaron su patrimonio invirtiendo y trabajando) para ellos hacerse ricos robándole al Perú cientos de millones de dólares a través de la sobrevaloración de contratos de obra pública.

Ahora el Perú se debate entre la miseria, la frustración y el encono de su gente, sumado a una pandemia infamemente gestionada por este régimen desastroso que preside un incapaz, Martín Vizcarra. Aunque brillante como mentiroso, lenguaraz, golpista y, además, investigado por la fiscalía anticorrupción por receptar sobornos a cambio de asignar licitaciones desde el poder. Más gasolina para incendiar la pradera, aprovechando el vendaval socialista dirigido por La Habana y Caracas consolidado por sus conquistas en Argentina, Bolivia, Chile. Y hoy con probabilidades de extenderlas al Perú, aprovechando su actual caos social y político y las elecciones 2021.