¡Nuestra sociedad está cataléptica por la ignominia de su clase dirigente! Una ralea de cobardes. Gente incapaz de enfrentarse al régimen comunista y senderista que lideran los castillos, cerrones, bellidos, boluartes, bermejos, decididos a convertir el Perú en otra nación marxista, leninista, integrante de aquella escoria socialista bolivariana que lideran Cuba, Venezuela y el Foro de Sao Paulo. La Asociación de Bancos, Confiep, SNI, Comex, Adex, CCL y demás gremios, otrora representativos de una ciudadanía emprendedora y próspera, son los principales culpables de la debacle que corroe al Perú. ¡Más pudo su prurito codicioso de respaldar al poder de turno! Para conseguirlo no vacilaron en tomar distancia del Apra y del fujimorismo. De esta manera, siguieron medrando bajo la anuencia de gobernantes corruptos, ladrones, inescrupulosos como Toledo, Humala, Kuczynski, Vizcarra y Sagasti. Para nadie es un secreto que aquellos gremios solventaban la subsistencia de los citados regímenes. Al extremo que hicieron desfilar por las calles a algunos de sus representantes –como los gerentes del BCP y de Alicorp, por ejemplo-, portando banderolas alusivas al lema lanzado por los rojos –“Congreso golpista”- para incendiar la capital y, de esa manera, obligar a que renuncie Manuel Merino, entonces presidente designado por el Congreso, tras la defenestración del canalla Vizcarra. El propósito fue colocar en palacio a otro rojete más, apellidado Sagasti. ¡Alucinaban que así mantendrían intactos sus privilegios! Pero en la política, dos más dos no siempre es cuatro. La ecuación fue modificada por la conducta infame de izquierdistas como Vizcarra y Sagasti, tras abandonar a los peruanos en medio de la pandemia Covid-19. Buscaron agudizar las contradicciones entre ricos y pobres. ¿Su meta? Suscitar suficiente sevicia para inducir a que la mayoría ciudadana vote por el socialismo, como señal de repudio a “la derecha corrupta y achorada”, como la bautizó el comunismo, enrostrándole ser la única culpable de esa odiosa diferencia de clases. Es decir, como suele suceder, los gremios mencionados acabaron siendo traicionados por sus patrocinados. Ahora será muy difícil, si no imposible, que el BCP, por ejemplo, vuelva a ejercer influencia sobre el gobierno. ¡Como sí ocurrió con Velasco Alvarado!
Apostilla. Pedro Castillo no gobierna. Su meta es otra. ¡Construir el país socialista que le impone La Habana! Con un Congreso tetrapléjico hoy la prensa libre es su principal escollo. ¡Por ello es blanco de una sistemática intimidación del oficialismo! Boluarte, vicepresidenta, repudia que la prensa “pregunte sobre hechos controversiales (…) Por eso le digo basta. Seamos proactivos, positivos trabajando hermanados”. De otro lado Castillo, el presidente, dice que “Lo primero que hay que hacer con la prensa (como si se tratase de un bien a su disposición) es ordenarnos, estructurarnos en qué momento vamos a conversar.” Vea usted, señor Castillo. La labor de la prensa es absolutamente contraria a aquello que usted fantasea. Su objetivo es conservar la independencia ante cualquier poder. Su meta es indagar, investigar, informar y denunciar al poder, cuando abusa de la sociedad. ¡Como sucede hoy! ¡La prensa libre jamás conversa, concuerda ni menos pacta con el poder!

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