El “Vacunagate” o de las “Vacunas VIP” es nauseabundo y, para colmo, así como antes se puso al Perú a nivel planetario a la cabeza de los países con el peor récord en gestión gubernamental y tasa de letalidad en la lucha contra la Covid-19, ahora, sin duda, es el que protagoniza el mayor escándalo por los actos de corrupción e inmoralidad cometidos en la aplicación del antídoto para combatir la pandemia viral china.

Si en la Argentina acaban de “renunciar” al ministro de Salud por beneficiar con la bendita vacuna en su propio despacho a una manga de familiares y amigos, aquí tenemos indebidamente vacunados de “emergencia” a un primer mandatario (Vizcarra alias “Lagarto”), ministros, viceministros y funcionarios de toda laya que deberán responder a la justicia por este aprovechamiento del cargo y, posiblemente, por presunto favorecimiento irregular o ilícito en la contratación de la vacuna china que les han inoculado. A la reja con los responsables además de la inhabilitación para ejercer la función pública por varios años.

Unas líneas sobre el nuevo Ministro de Salud. Aunque éste arrastra el pasado desacierto –por usar un eufemismo- de haber aprobado la medida que afectó gravemente la comercialización del oxígeno medicinal hoy tan escaso y valioso para salvar vidas, esperábamos que empezase su gestión con mejor pie. No ha sido así. Primero, anunció la positiva participación del sector privado en la distribución de las vacunas y al rato se desdijo. Luego, comunicó que los miembros de mesa en los próximos comicios generales no serán vacunados porque no es un “prerrequisito”(¿?) y después que sí pero para la segunda vuelta presidencial. ¿Y en la primera que incluye la parlamentaria, qué? Una doble barbaridad: incumple un ofrecimiento público y conspira contra el adecuado desarrollo del proceso electoral.

Esta aberración debe corregirse. ¡AMÉN!