En el Perú se ha incrustado un régimen comunista, disruptivo, prepotente, por cortesía de unos tontos útiles manipulados por los izquierdistas de salón: los caviares, progre y socialistas buenistas. En síntesis, una parte de esta sociedad, tan idiota, que funge de avanzada sin tener intelecto. Y en paralelo, despotrica contra el “aprofujimorismo” y la “derecha abyecta”, porque así se lo ordena la claque políticamente correcta con la que le gusta exhibirse y confraternizar. Gente acomodada que “necesita opinar”, tal cual le ordenan los rojos de salón, denostando contra quienes opinen distinto. Porque sólo así puede ser alguien en el país. Una comunidad que, por su estupidez, el Perú está en vísperas de colapsar y pasar a ser otra vil republiqueta bolivariana de la región. Una amalgama de clase media y alta –gregarios, acomplejados, hueleguisos ansiosos por escuchar aquellos cantos de sirena que entonaban, a coro, El Comercio, su socia La República y sus sobones de la zurda elegante– es hoy día la principal responsable del triunfo del comunismo en el Perú. Esa misma gente, hoy espantada, le pregunta a los gurúes rosados que la indujesen a votar por Castillo: ¿Qué hacemos? ¡Pero estos no saben qué responderles! ¡Porque están tan o más aterrorizados que su feligresía!
El presidente Castillo hace lo que le viene la gana. Y no pasa nada. Antes por quítame estas pajas la izquierda de salón se rasgaba las vestiduras calificando al presidente de antidemocrático, cuando no corrupto. ¡Hoy esa gente no se atreve a abrir la boca! Está no sólo anonadada, sino fundamentalmente acobardada porque ya no puede gritonear a sus autoridades, sino someterse al ucase comunista con amenaza de cárcel, cuando menos. Ahora pues, ¿a qué palo se arriman?, ¿quizá a El Comercio o La República?
El primer ministro comunista es apologeta de Abimael. “¿Qué tienes contra sendero?”, espetó al periodista. ¡Nada pasa! El canciller comunista le rinde homenaje al terrorista Javier Heraud, compañero de asesinatos masivos durante la década del sesenta, y anuncia el restablecimiento de relaciones con Venezuela. ¡Todo bien! El ministro del Interior pidió licencia a la Fiscalía sin renunciar para ejercer el cargo, delinquiendo así al quebrantar la legislación. ¡Se le acepta! El ministro del Interior inaugura su gestión reduciéndole la cuota de gasolina a la Policía y obligándola a capacitar a los ronderos; en rigor la futura guardia revolucionaria. ¡Tampoco ocurre nada! La primera gestión del ministro de Trabajo fue reconocer al sindicato de maestros del movadef. ¡Ahí quedó! Cerrón, incapacitado por corrupto que anticipó llegar al poder para quedarse sine die, cuenta con proyección policial. ¡Tampoco protestan! Los comandantes de las FFAA, en actitud vergonzante, se cuadraron delante de un ministro de Defensa, ex policía expulsado del cuerpo. ¡Muy bien! Una conducta indigna que, como si fueran rebaño, todos aceptan con su silencio cómplice.
Corolario. El Parlamento, la esperanza de la democracia para salvar al Perú, no sabe cómo hilvanar a las fuerzas de centro y derecha para enfrentar la gravísima coyuntura en que estamos por culpa, repetimos, de muchísimos tontos útiles.

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