Entre las medidas de prevención, para evitar en lo posible el contagio del ya famosísimo Covid-19, el gobierno había dispuesto el confinamiento domiciliario de los mayores de sesenta y cinco años, esto es de las personas de la tercera edad, salvo cuando hay emergencias, urgencias o consultas médicas, asistencia a centros de abastos y financieros, a no ser que puedan hacerlo terceros en representación de los titulares.

Podrían también, algunas veces a la semana, salir por breve tiempo de sus domicilios, en la generalidad de los casos con compañía para su cuidado, a fin te tener corto paseo en las cercanías del hogar. Empero, cuando se requiera de su trabajo presencial, con su consentimiento, si podrían concurrir al centro de labores, dejando de lado el trabajo a distancia.

Absolutamente incongruente, contraproducente y contradictorio, como son muchas de las acciones que toma un gobierno, que por donde se le mire, penosamente hace agua, salvo algunas contadas excepciones, que felizmente se notan a leguas de distancia.

Nos trataban a las personas de la tercera edad, como si fuésemos inválidos o sujetos a incapacidad que nos impida valernos por sí mismos. Que hay personas de la tercera edad que sufren algún tipo de incapacidad, sin ninguna duda, pero son la excepción, como también hay personas menores y asimismo en la plenitud de la vida, que están sufriendo discapacidades de todo tipo. No se debe generalizar.

El gobierno erradamente había generalizado y no entiendía que el confinamiento de las personas mayores, integrantes del grupo de la tercera edad, ello les genera angustia, desasosiego y hasta estrés, que puede ser tan grave o peor que una caída.

Los adultos mayores, sin discapacidad, están acostumbrados a cuidarse, y son quienes más providencias toman para evitar los accidentes, contagios y complicaciones de todo tipo, pues saben que están más expuestos que la gente joven, pero ello no les impide trabajar, ir a sus ocupaciones habituales guardando el distanciamiento social y llevando las mascarillas y otros elementos que ayuden a evitar los contagios.

Nuestros gobernantes no entendían, que si bien pueden tener toda la autoridad del mundo para dictar disposiciones legales, que aparentemente nos cuiden de la pandemia, ellas no solo deben tener legalidad sino legitimidad, y cuanto más lógicas ellas sean, más respeto y cumplimiento reciben. Cuando se nota que las disposiciones son irracionales, lo único que los gobernantes reciben es la desobediencia y ello es sumamente grave, pues cuando se pierde el respeto por las normas irracionales, es muy fácil también perderlo por las que tienen legitimidad y racionalidad. El gobierno por su impericia, por hacer alguna calificación, estuvo jugando con fuego. Felizmente cambió la orden por recomendación.

Es bueno recordar a nuestros gobernantes, antiguos y ciertos aforismos como aquellos que dicen: viejo está el mar y aún se mueve; viejo está el viento y aún sopla; viejo está el sol y aún quema. Ojalá no tengamos que agregar: joven está el gobierno, pero no se mueve, ni sopla ni quema.