Por Elizabeth Zea Marquina

Una de las banderas que las organizaciones defensoras de los derechos humanos han enarbolado es la lucha contra la violencia a la mujer. Las voceras han alzado su voz organizando sendas marchas, campañas de mandiles rosados, hashtags que generan tendencias. Sin embargo, ese feminismo, que dice tomarse en serio erradicar la discriminación, en esta contienda electoral ha permanecido muda, inerte y hasta cierto punto indiferente, ante las expresiones machistas del candidato presidencial Pedro Castillo y de Vladimir Cerrón, el fundador del partido Perú Libre, sentenciado por corrupción.
¿Y qué pasó esta vez? Pues que la contrincante electoral, blanco de las conductas misóginas, es nada menos que la hija de Alberto Fujimori. La “porcina ojo jalado” de Keiko como la insultó Rafo León, un misógino sentenciado por difamación, escondido tras la careta de una huachafa China Tudela, caricatura de nuestra elitista Lima, que sin reparo ni mordaza, disparaba su sátira deforme e insultante. Ya entonces los colectivos feministas hicieron un prolongado silencio avalado por un tibio comunicado del Ministerio de Cultura.
Pero no se indignen, hermanas de la sororidad, nadie pretende borrar su pasado ni su presente. Ella es consciente de los errores políticos cometidos, lleva cinco años siendo investigada por el Poder Judicial con reiteradas prisiones preventivas, algo pocas veces visto en casos donde la procesada no ha manejado dinero del Estado. Pero no deja de ser mujer, una persona que ha estado privada de su libertad, como las 2,065 mujeres que aún permanecen recluidas sin una sentencia, según el Boletín Estadístico Institucional del Ministerio de Justicia 2019. Sin embargo, para las ONG que han defendido el derecho a un debido proceso de mujeres terroristas encargadas de dar el tiro de gracia a sus víctimas, Keiko Fujimori no existe.
En el Perú, la violencia contra las mujeres no cesa. De acuerdo a cifras del Ministerio de la Mujer y Poblaciones Vulnerables, solo hasta agosto de 2020 se produjeron 14,583 casos de violencia contra la mujer y, en lo que va del año, 47 casos de feminicidio, siendo 25 de estos casos cometidos por sus parejas, ex parejas o convivientes. Estas alarmantes cifras, ameritan que los planes de gobierno promuevan medidas de prevención y atención eficientes para frenar esta dolorosa estadística. En el caso de Fuerza Popular, estas medidas apuntan no solo a asistir a las mujeres en casas refugio, sino a incluirlas en oportunidades de emprendimiento y acceso a capital semilla acompañado de un soporte psicológico emocional, además de promover su liderazgo como agente de cambio social en su comunidad.
La contienda electoral entra a su etapa final, en medio de una lluvia de piedras contra mujeres que se expresaban libremente en Arequipa, mensajes polarizantes, estereotipos, actitudes misóginas y un silencio sepulcral por parte de la señora Verónika Mendoza, aliada política del señor Castillo que esta vez decidió por el silencio cómplice. Sin duda, una renuncia tácita a su propia agenda política.

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